cliente/dinero y un cliente/aceptación se diluye. Al estar todos los días a merced del gusto de los clientes
los muchachos miran la elección como una fuente de ingresos y como una certificación de su valor. José
confiesa que a veces “no tengo ni ganas ni necesidad de dinero pero siempre me afecta que un cliente
no me encuentre atractivo”. Mario cree que su popularidad le ha ayudado con las mujeres ya que “me
siento más seguro que soy muy bonito y sexy”. Ernesto opina que ha perdido su timidez y su vergüenza:
“Antes me ponía rojo cuando tenía que hablarle a una persona mayor. Ahora, después de tantos
clientes, se me hace más fácil tener una buena conversación con quien sea”, admite él.
La seducción y la coquetería se vuelven parte de la vida del “cachero” en muchas de sus relaciones
fuera del burdel. Mono confiesa que cuando va por la calle le gusta fijarse en los hombres atractivos y le
encanta cuando éstos le devuelven la mirada. “No sé, es como una costumbre. No es que me interese
acostarme con ellos, sino que he aprendido a fijarme en las cosas que hacen a un hombre atractivo”.
Tanto sucede ésto que Mono también trató de seducir a uno de nuestros entrevistadores:
Sabe usted una cosa, me gusta su trasero tan paradito
y firme.
Si usted se me porta bien, le puedo hacer el favorcito
de darle una revolcada.
Pero Mono, ¿no es que a vos no te gustan los hombres?
Pues no me gustan pero uno no deja de ver la carne y
ésta me gusta.
Mejor seguimos con la entrevista porque ésto no nos
va a llevar a ningún lado.
No nos lleva a ningún lado porque usted no quiere. Si
quisiera me dejaría comer de eso tan rico.
Sos todo un caso Mono. Terminemos la entrevista y ya
podrá comer todo lo que usted quiera pero de los
clientes. De mi parte, muchas gracias por la invitación.
Usted es el que se pierde un masajito de próstata.
Otro factor que desestabiliza los discursos del “cacherismo” son las adicciones. Uno de ellos es el
mismo dinero. Muchos de estos muchachos confiesan que no saben en qué se les va el dinero y que
éste actúa como una droga para ellos. José asegura que “me morboseo solo pensando en el billete de
cinco mil colones que me voy a ganar”. Luis opina que él jamás mira como feo a un hombre con plata.
“No es solo interés... es que el dinero los hace verse atractivos”. Mono admite ganar cientos de miles
de colones pero que los pierde con la misma facilidad en el juego que es una de sus adicciones.
Arnoldo confiesa que nunca tiene suficiente dinero para comprar las cosas que le gustan y que hacerlo
“es tan o más rico que un polvo. Cuando me compro una camisa que me gusta, siento un placer
enorme”. Noé no sabe en qué se le ha ido todo el dinero que ha ganado en este negocio: “Es como
agua, se me va de las manos sin que yo me dé cuenta”.
La necesidad de dinero lleva a prácticas sexuales teóricamente no aceptables en el “cacherismo”.