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Gatsby
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Los “cacheros” no solo experimentan acoso sexual en sus sueños y con las mujeres vinculadas
totalmente a la sexualidad, sino que las mismas relaciones con ellas se vuelven más violentas e
impersonales. Muchos admiten que empiezan a fantasear con otras mujeres cuando están con sus
novias o amantes femeninas o que se imaginan que hombres ingresan en sus relaciones sexuales con
ellas como participantes u observadores. Estas “invasiones” de su vida de prostitución a sus fantasías
sexuales es otra manera en que la homosexualidad influye en sus vidas. Los “cacheros” podrán seguir
teniendo sus relaciones principales con mujeres, pero ellas han sido masculinizadas en sus deseos y en
su forma de ser percibidas. La idea que “uno cierra los ojos y piensa en una mujer cuando coge con un
hombre”, como dice Jorge, no es del todo real. Los “cacheros” cierran sus ojos y pensarán en una
mujer, pero esta mujer de su imaginación no es ya una mujer más que en sus órganos sexuales. Es esta
la forma silenciosa en que la homosexualidad hace su ingreso.
COQUETERÍA
Los “cacheros” nos dicen que no les importa el cliente que los escoja mientras éste pague. Sin
embargo, cuando estamos sentados con ellos y entra un cliente, existe una reacción lógica de
satisfacción y gusto cuando uno es escogido y no otro. En una ocasión pudimos verle la cara de cólera
a Mono cuando un cliente prefirió a Luis que a él. Pudiéramos razonar que la alegría y la decepción son
por la posibilidad de ganar o no el dinero. Sin embargo, la reacción psicológica de los “cacheros” es
más complicada.
Cuando se está sentado en fila y alguien viene a “evaluar” cómo nos vemos y cuán atractivos somos, es
casi imposible no dejarse afectar por estas decisiones. Los que son preferidos ganan en autoestima y se
sienten “superiores” a los menos favorecidos. Cerebrón es un caso de los que han me jorado su
autoestima por la predilección de los clientes. “No puedo negar que siento una gran satisfacción al ver
que me escogen más a mí”, nos confiesa. Lo mismo expresa Luis que dice “gustarle que lo prefieran a
uno. Las mujeres nunca le hacen saber lo rico que uno está como lo hacen los hombres”. Erick admite
que él nunca se había fijado en las nalgas y en su pene como lo hace ahora. “No solo he aprendido a
observar los pompis (traseros) de los hombres sino el mío propio. También me doy cuenta que mi
miembro es muy grande y grueso. Ninguna mujer me había dicho nada antes. Pero los clientes se
vuelven locos con él…”
Los “cacheros” más populares son mejor tratados por Lila y por los otros dueños de burdeles y
saunas. Son una pequeña mina de oro para sus ingresos y merecen más consideración y mejor trato.
Algunos de los “más calientes” como dice el dueño, suelen ser más arrogantes, exigir mejores
condiciones y llegar a trabajar “cuando les da la gana”.
La búsqueda de la predilección del cliente hace que los “cacheros” se preocupen por enseñar lo que
tienen. Cerebrón, por ejemplo, se viste con jeans apretados y deja ver muy disimuladamente “su
paquete”, como él se refiere a su pene. José se sienta con las piernas abiertas para lograr el mismo
efecto. Carlos suele sonreír de manera provocadora. Pedro enseña su abultado trasero cuando prende
el radio. Otros empiezan a hacer esfuerzos para aparentar simpatía. Aunque toda esta coquetería se da
en un contexto “masculino” no deja de ser una forma de atraer a los hombres.
El deseo de ser escogido termina con la supuesta indiferencia del “cachero”. La línea entre un
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