IV. PROBLEMAS PARA LA VIRILIDAD
Una serie de factores atenta contra las reglas del juego del discurso del “cacherismo”. Al promover
cambios, socavan la temporalidad física y espacial, las prácticas, la definición sexual y la actitud social
hacia los “cacheros”.
Los muchachos están muy conscientes de que para ser “cacheros” deben sentir deseos solo por las
mujeres. Vernol nos dice que tiene que pensar en una mujer que le guste mucho “para poder
templarme y metérsela a un hombre.” Lo mismo dice Hugo que se imagina que está con una mujer y se
concentra en esta idea porque si no “se me hace todo un desastre”. Miguel no puede tener fácilmente
una erección a menos “que ya haya conocido y tratado al cliente y empiece a soñar con unos senos”.
Harold tiene que forzarse a pensar en “que este pene es una vagina, que este hombre es una mujer, si
no, no podría hacer este trabajo”.
Aunque en teoría los “cacheros” no deben “pensar” que están con un hombre sino imaginarse a una
mujer, la relación entre imaginación y realidad no es así de polarizada. Ellos piensan y se imaginan
cosas tanto en sus relaciones heterosexuales como en las homosexuales. La realidad es que todos
aprendemos “guiones” sexuales para nuestras relaciones y los “cacheros” no son una excepción. Estos
“guiones” son pequeños discursos que nos dicen qué hacer y cómo hacerlo. Aún nuestras mismas
fantasías dependen de ellos porque para tenerlas, es necesario utilizar a personas de la vida real. Estos
“guiones” contienen tanto el diálogo como las imágenes y no es posible “no pensar en nada”, como
dice Mono, cuando se está con una mujer y solo hacerlo con mujeres cuando se está con un cliente.
En la práctica, los “cacheros” no solo piensan en mujeres cuando están con los clientes. Es más,
durante los primeros años de la prostitución pareciera que la imaginación está ausente. Ellos admiten
haber tenido períodos en sus vidas en “que no pensaban en otra cosa que la sensación”, como dice
Pablo. Aquellos que fueron inducidos a edades muy tempranas, como el caso de Guido que se inició a
los diez años de edad, no tenían siquiera madurez para usar la imaginación: “Pues yo no sabía nada de
sexo a los diez años y cuando me felaron no sabía ni en qué pensar… Sería hasta que me desperté,
como a los catorce años, que fui pensando en mujeres”. Otros como Carlos admiten que nunca han
necesitado fantasías para disfrutar el sexo: “Para qué voy a pensar en nada si me gusta lo que hago y se
siente rico”, dice él.
Muchos confiesan que en ciertas prácticas sexuales, la imaginación no es necesaria. En el caso del sexo
oral, los muchachos disfrutan sin tener que pensar que quien los fela es una mujer o un hombre. “¿Para
qué me voy a imaginar nada si me están pegando un mamadón?”, pregunta Mono. Lo mismo cree Luis:
“Es más fácil no pensar en nada cuando lo están lamiendo a uno. En realidad, la fantasía se hace más
necesaria cuando uno penetra”. Lo mismo opina Cerebrón que dice “no ser necesaria cuando le hacen
a uno el sexo oral, sea hombre, mujer, playo o la ternera del barrio”. Lila nos dice que el gusto que
brinda el sexo oral hace que muchos de ellos terminen haciendo de todo:
Ahí las mujeres se quedan un poco atrás, porque para