gano el doble, entro con ellos y los empiezo a convertir en mujeres. Engaño a mi
cerebro para que crea que son dos mujeres y estoy tranquilo en la cama porque
miro a las dos mujeres y su trasero es una vagina cerradita y sus pechos son los de
una niña, pequeños y duritos…
A pesar de la indiferencia, existe una característica que es apetecida: la limpieza. Los muchachos se
quejan de que lo que no les gusta de muchos de los clientes es que huelan mal. “Mientras no apesten,
no importa”, dice Cerebrón. “Lo peor de ésto es tener clientes que yedan”, afirma Luis. Gerardo narra
cómo lo peor del oficio es aguantar los malos olores:
Aquí viene a veces clientes que pareciera que están podridos por dentro. Existe
una venezolana que viene de vez en cuando. A mí no me importa que sea flaca y
fea , medio mona. Lo que detesto es que tiene un fuerte olor a cloaca y para
colmo de males, es superpasiva. Yo tengo que ponerme un poco de “Sanipine”
con el lubricante para tener sexo con ella. ¿Cómo es que una persona que se dice
profesional pueda ser tan cochina? Esto es lo más difícil de este oficio. No es
cierto que los pobres sean los sucios. Muchos de ellos son más limpios que la gente
extranjera. A ésta se le conoce como “Doña Chepa, la Cloaca” y algunos se
esconden cuando llega. Cuando alguno se mete con ella, los demás le cantan
después: “Lavate con Rinso, lavate con Rinso”.
La mayoría de los entrevistados admite preferir a los clientes mayores de cuarenta años o “pagadores”.
Un pagador es un hombre de edad que compra relaciones sexuales de uno más joven y que establece
una relación con él. El pagador es una figura que se asocia con la de un padre. El puede dar atenciones,
ropa, educación y bienestar a cambio de relaciones sexuales y amor. El pagador es generalmente un
paidófilo que gusta de niños y muchachos imberbes. Su construcción suele ser masculina y no tiene
relaciones con la comunidad gay del país. Generalmente, están casados o juntados con mujeres. La
palabra, sin embargo, ha adquirido varios significados. Los “cacheros” se refieren a sí mismos como
“pagadores” cuando invitan a un amigo a unos tragos o a un juego de pool . Esta nueva acepción hace
pagador a cualquiera que invite a otro.
En teoría, para ser “cachero” hay que tener relaciones con los pagadores. Esto significa que debe
quedar claro ante los demás que el muchacho está con el otro por interés. Sin embargo, sabemos que
no todos los clientes son pagadores. Muchos jóvenes homosexuales o bisexuales prefieren la privacidad
y el sexo clandestino de un prostíbulo. Existen clientes de 20 a 30 años que también acuden al burd el.
Sin embargo, muchos de los prostitutos rechazan tener relaciones con ellos. Jorge nos dice que ?a mí
no me gustan los muchachos, no podría hacer sexo con ellos?. Vernol cree que ?los muchachos que
vienen son muy afeminados, locas jóvenes que exigen demasiado y quieren ser tratados como
mujeres?.
Este rechazo parecería contradecir el punto anterior pero es más bien su reafirmación. Los trabajadores
del sexo sienten que si practican el sexo con jóvenes de su misma edad estarían