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Gatsby
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tales. Así mismo lo piensa Mono:
Creo que uno se hace un maleante porque solo los maleantes aceptan la
prostitución. Si la gente lo respetara por la labor que hace en vez de denigrarlo,
uno se rozaría con otra gente y tendría la oportunidad hasta de sindicalizarse.
EL DUEÑO
“Yo soy Cleopatra, soy Eva Perón, así quiero que me recuerden”, dice Lila. ¿Querés que empecemos
el apartado acerca de vos de esta manera?, le preguntamos. “No, la verdad es que ni soy Eva Perón ni
tampoco Cleopatra, aunque siempre las admiré”. El nos dice que en lugar de Egipto o de Argentina
nació en Naranjo de Alajuela de madre prostituta y padre ausente. Fue uno de doce hermanos de
padres distintos: “Ella me dijo que no había sido prostituta sino que había vivido con distintos hombres
para ayudarse y sostener el hogar”, nos dice con voz triste. Apenas nació, fue regalado: “Mamá me
entregó porque estaba enferma, te nía una enfermedad de las que las mujeres no se salvan”. Le
preguntamos qué era y nos dice “fiebre perpebral”, una dolencia de la vagina para la que en 1938 no
existía penicilina. La madre, en realidad, no murió de esta enfermedad: hizo un trato con una doctora
para regalar a su hijo: “La madre de la doctora quería con desesperación un hijo. Su hija le propuso a
mamá que me regalara y que ella me cuidaría”, nos cuenta. Cuando se recuperó, la verdadera madre
sería convencida por sus amigos de que mejor lo dejara dónde estaba. Lila nos dice que los amigos le
decían a su madre que “no seas estúpida, vos sos pobre y no tenés dónde caerte muerta mientras que
esa familia es rica. Dejá a este niño ahí”.
Como en la historia de Moisés, Lila creció sin saber su origen. La verdadera madre lo visitaba “hasta
los cinco años”, pero para él “era una empleada doméstica que venía por épocas”.
Sin embargo, el pueblo mismo se encargaría de recordarle sus orígenes: “Yo me enteré de quién era
hijo desde los siete años ya que en Naranjo me llamaban ‘El hijo del gato, el hijo del gato’ y así
averigüé la verdad. “El Gato” era un hombre del pueblo.
La madre adoptiva era una mujer “indiferente”, “fuerte” y “rara”. Cuando le preguntamos qué significa
“rara” nos dice que le hizo algo que “no se le hace a nadie”: la madre adoptiva le prohibía “jugar” ya
que según ella “solo los vagos juegan”. Nuestro entrevistado la culpa de haberlo convertido en un niño
“muy sensible” y “afeminado” por no haberlo dejado jugar fútbol y otros juegos de “machos”. Sin
embargo, él también achaca su feminidad al abuso sexual que vivió con el electricista, con quien tendría
una relación durante los próximos siete años. “Yo empecé a imitar a las mujeres porque este hombre
me calentó la sangre y yo quería atraerlos de la manera en que lo hacen las mujeres”.
Entrevistador 2:
¿Qué pasó cuando niño?
Lila:
De siete años fui a hacer un mandado de la casa, fui a
traer a un electricista, un gran amigo de la casa y de la
familia, ese muchacho era muy cariñoso conmigo,
carismático y me daba el cariño y el trato que no me daba
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