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Gatsby
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Entrevistador 2:
¿Usted anda puñal ahorita?
Cerebrón:
No, lo tengo escondido en el parque.
Entrevistador 2:
¿Y si le sale un cliente aquí?
Cerebrón:
No, yo aquí en la casa no asalto, yo asalto en la calle o sea
yo llevo al pagador por otro lado y le digo que vamos a un
apartamento de un amigo y antes de llegar a la casa del
amigo, queda acostado en la pared.
A pesar de la posibilidad de violencia, la mayoría de las transacciones entre “cacheros” y pagadores se
dan sin accidentes. “Uno prefiere ganarse la plata sin tener que asaltar porque adquiere color de ladrón
y nadie lo buscará luego”, confiesa Cerebrón.
Debido a que no realizamos entrevistas con los clientes, es difícil especular acerca de lo que los atrae a
la prostitución y la razón de correr riesgos con los “cacheros”. Sin embargo, en un estudio anterior
sobre los hombres que acuden a ligar en los sitios públicos, ellos confesaron que el sexo peligroso, con
maleantes y posibles asaltantes, les era muy “sabroso” y “adictivo”. Muchos de los hombres que
ligaban en un parque josefino terminaron asaltados y hasta apuñalados. No obstante el riesgo,
continuaban acudiendo a estos peligrosos lugares27 .
Podríamos especular que los clientes comparten con los “cacheros” el fenómeno adictivo, aunque a
substancias distintas. Los prostitutos tienen una gran adicción al din ero y a la droga. Los clientes, al
sexo peligroso y objetal. Ambos se complementan de manera explosiva.
LOS “CACHEROS”
Los muchachos que acuden a la casa tienen, con algunas excepciones, de 10 a 25 años. La mayoría
vienen del barrio, aunque también de vecindarios más alejados. Esto es importante porque no existe
otra razón para haber establecido la casa que la oportunidad de pagar un alquiler bajo. Lila no escogió
un barrio en particular y pudo haberlo hecho en cualquier otra zona de clase media baja de San José.
“Uno hubiera encontrado muchachos dispuestos a prostituirse en cualquier zona del país”, nos dice.
Estos “cacheros”, entonces, tienen ciertas características que comparten con otros jóvenes de zonas de
clase media baja: tienen sus hogares, artículos electrodomésticos básicos, televisión, oportunidad de
educación y recreación. No son, en su gran mayoría, muchachos de la calle de zonas marginales y
tampoco tienen rasgos muy mestizos. Son atractivos, algunos rubios y con ojos azules y algunos bien
vestidos. Su conversación refleja una exposición a los medios de comunicación y a temas tratados en la
prensa. Algunos son estudiantes de colegio o de carreras profesionales. Otros son bastante instruidos e
inteligentes. Mono, por ejemplo, es un ávido lector que habla como estudiante universitario y tiene un
sentido crítico muy agudo. En algunas entrevistas, él terminó haciendo sus propias preguntas y
anticipando los temas por tratar.
27
Schifter, Jacobo y Madrigal, Johnny, Hombres que aman hombres, Editorial Ilep-Sida, San José, 1992.
20
 

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