de todoel país estamos en estos días presenciando. El caudal de
textosutilizado para esta enseñanza necesita ser renovado y
aumentado deacuerdo con las nuevas demandas.
No creemos equivocarnos al interpretar la transformación a
que estamosasistiendo, no sólo como un aumento en el número
de estudiantes y en laintensidad del estudio, sino como un
cambio en la dirección y en losfines de éste. Hasta ahora
dominaba una tendencia más bien literaria ehistórica; desde
ahora, aun continuada e intensificada ésta, el primerplano de
interés en el estudio del español lo ocupa el interés
práctico,político y comercial. Reconocido este hecho a él
debemos ajustarnuestras normas y a sus necesidades tenemos
que subvenir; pero hemos deapresurarnos a afirmar que
entendemos grave error el considerar esos dosfines como
antitéticos. El estudio práctico del español, para
serverdaderamente práctico y eficaz, requerirá en el mayor
grado posible elconocimiento y el uso de las obras puramente
literarias.
La lectura de textos literarios originales de autores españoles
serásiempre uno de los modos esenciales de llegar al
conocimiento prácticode la lengua. Será además un insustituible
medio de llegar a conocer lavida, las costumbres, el carácter y el
espíritu de esos pueblos con losque nos ligan lazos múltiples. La
transformación a que estamosasistiendo no deberá pues
entenderse en ningún sentido ni en ningún casocomo motivo de
exclusión de los textos literarios en la enseñanza; perosí habrá
seguramente que escoger entre la literatura de esos países laque
más se adapte a las nuevas necesidades. Parece evidente que
elestudio del español se dirige ahora mucho más que antes a las
realidadesactuales de los pueblos hispánicos, y que por lo tanto
