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La Regenta

Paco admiraba en silencio la hermosura de Ana, cuya cabezahundida en la blancura blanda de
las almohadas le parecía «una joya ensu estuche». Observó Visita que más que nunca se parecía
entonces Ana ala Virgen de la Silla. La fiebre daba luz y lumbre a los ojos de laRegenta, y a su
rostro rosas encarnadas; y en el sonreír parecía unasanta. Paco pensó sin querer, «que estaba
apetitosa». Se ofreció mucho,como su madre, y salió. En el pasillo dio un pellizco a Petra que
traíaun vaso de agua azucarada. Visita dejó la mantilla sobre el lecho de suamiga y se preparó a
meterse en todo, sin hacer caso del gestoimpertinente de Petra. «¿Quién se fiaba de criados?
Afortunadamenteestaba ella allí para todo lo que hiciera falta».
«Por lo demás, tu Quintanar del alma hemos de confesar que tiene suscosas; ¿a quién se le
ocurre irse de caza dejándote así?».
—Pero qué sabía él....
—¿Pues no te quejabas ya anoche?
—Ese Frígilis tiene la culpa de todo....
—Y quien anda con Frígilis se vuelve loco ni más ni menos que él. ¿Noes ese Frígilis el que
injertaba gallos ingleses?
—Sí, sí, él era.
—¿Y el que dice que nuestros abuelos eran monos? Valiente mono maleducado está él... pero,
mujer, si ni siquiera viste de personadecente.... Yo nunca le he visto el cuello de la camisa...
nichistera...
Somoza volvió a las ocho de la noche; a pesar de la primavera médica, noestaba tranquilo;
miró la lengua a la enferma, le tomó el pulso, lemandó aplicar al sobaco un termómetro que sacó
él del bolsillo, y contólos grados. Se puso el doctor como una cereza.... Miró a Visita con
torvoceño y echándose a adivinar exclamó con enojo:
—¡Estamos mal!... Aquí se ha hablado mucho.... Me la han aturdido,¿verdad? ¡Como si lo
viera... mucha gente, de fijo... muchaconversación!...
Entonces fue Visita quien sintió encendido el rostro. Somoza habíaadivinado. No sabía
medicina, pero sabía con quién trataba. Recetó;censuró también a don Víctor por su intempestiva
ausencia; dijo que unloco hacía ciento; que Frígilis sabía tanto de darwinismo como él deherrar
moscas; dio dos palmaditas en la cara a la Regenta,complaciéndose en el contacto; y cerrando
puertas con estrépito salió,no sin despedirse hasta mañana temprano, desde lejos.
Visitación, mientras sentada a los pies de la cama devoraba una buenaración de dulce de
conserva, aseguraba con la boca llena que Somoza y lacarabina de Ambrosio todo uno. La del
Banco creía en la medicina caseray renegaba de los médicos. Dos veces la había sacado a ella de
peligrospuerperales una famosa matrona sin matrícula ni Dios que lo fundó: «Ditú que todo es
farsa en este mundo. ¡Cómo decir que estás peor porquese ha procurado distraerte! ¡animal! ¡qué
sabrá él lo que es una mujernerviosa, de imaginación viva! De fijo que si no estoy yo aquí,
teconsumes todo el día pensando tristezas, y dándole vueltas a la idea detu Quintanar ausente;
'que por qué no estará aquí, que si es buenmarido, que ya no es un niño para no reflexionar'... y
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