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La Regenta

—Sin contar—añadía Joaquín Orgaz—con que esto se presta aexageraciones y abusos. El año
que viene vamos a ver a Obdulia Fandiñodescalza de pie... y pierna, del brazo de Vinagre.
Se rió mucho la gracia. Pero también se notó que Orgaz decía aquelloporque no había sacado
nada de sus pretensiones amorosas, o por lomenos, no había sacado bastante.
El populacho religioso admiraba sin peros ni distingos la humildad deaquella señora.
«Aquello era imitar a Cristo de verdad. ¡Emparejarse,como un cualquiera, con el señor Vinagre
el nazareno; y recorrerdescalza todo el pueblo!... ¡Bah! ¡era una santa!».
En cuanto a don Víctor, al pasar debajo de su balcón el Magistral y Anapreguntó a Mesía:
—¿Están ya ahí?
—Sí, ahí van.... Y el mismo esposo estiró el cuello... y asomó lacabeza.... Lo vio todo. Dio un
salto atrás.
—¡Infame! ¡es un infame! ¡me la ha fanatizado!
Sintió escalofríos. En aquel instante la charanga del batallón que ibade escolta comenzó a
repetir una marcha fúnebre.
Al pobre Quintanar se le escaparon dos lágrimas. Se le figuró al oíraquella música que estaba
viudo, que aquello era el entierro de sumujer.
—Ánimo, don Víctor—le dijo Mesía volviéndose a él, y dejando elbalcón—. Ya van lejos.
—No; no quiero verla otra vez. ¡Me hace daño!
—Ánimo.... Todo esto pasará...
Y apoyó Mesía una mano en el hombro del viejo.
El cual, agradecido, enternecido, se puso en pie; procuró ceñir con losbrazos la espalda y el
pecho del amigo, y exclamó con voz solemne y desollozo:
—¡Lo juro por mi nombre honrado! ¡Antes que esto, prefiero verla enbrazos de un amante!
—Sí, mil veces, sí—añadió—¡búsquenle un amante, sedúzcanmela; todoantes que verla en
brazos del fanatismo!...
Y estrechó, con calor, la mano que don Álvaro le ofrecía.
La marcha fúnebre sonaba a los lejos. El chin, chin de los platillos,el rum rum del bombo
servían de marco a las palabras grandilocuentesde Quintanar.
—¡Qué sería del hombre en estas tormentas de la vida, si la amistad noofreciera al pobre
náufrago una tabla donde apoyarse!
¡Chin, chin, chin! ¡bom, bom, bom!—¡Sí, amigo mío! ¡Primeroseducida que fanatizada!...
—Puede usted contar con mi firme amistad, don Víctor; para lasocasiones son los hombres....
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