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La Regenta

La Regenta
por
Leopoldo Alas «Clarín»
Librería de Fernando Fé, Madrid
1900.
TOMO II
—XVI—
Con Octubre muere en Vetusta el buen tiempo. Al mediar Noviembre suelelucir el sol una
semana, pero como si fuera ya otro sol, que tiene prisay hace sus visitas de despedida
preocupado con los preparativos delviaje del invierno. Puede decirse que es una ironía de buen
tiempo loque se llama el veranillo de San Martín. Los vetustenses no se fían deaquellos halagos
de luz y calor y se abrigan y buscan su manera peculiarde pasar la vida a nado durante la
estación odiosa que se prolonga hastafines de Abril próximamente. Son anfibios que se preparan
a vivir debajodel agua la temporada que su destino les condena a este elemento. Unosprotestan
todos los años haciéndose de nuevas y diciendo: «¡Pero veusted qué tiempo!». Otros, más
filósofos, se consuelan pensando que alas muchas lluvias se debe la fertilidad y hermosura del
suelo. «O elcielo o el suelo, todo no puede ser».
Ana Ozores no era de los que se resignaban. Todos los años, al oír lascampanas doblar
tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentíauna angustia nerviosa que encontraba pábulo
en los objetos exteriores,y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro
inviernohúmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellosbronces.
Aquel año la tristeza había aparecido a la hora de siempre.
 
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