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La Novela de un Joven Pobre

—Señor Odiot, ¿está usted ahí?
Me presenté en la ventana, y noté en una barca, que se
estacionaba cercadel puente, á la señorita Margarita, alzando
con una mano el ala de sugran sombrero de paja bronceada y
levantando los ojos hacia mi obscuratorre.
—Aquí me tiene, señorita—respondí con diligencia.
—Venga á pasear.
Después de las justas alarmas, que durante dos días me
habíanatormentado, tanta condescendencia me hizo temer, como
sucede siempre,ser el juguete de un sueño insensato.
—Perdón, señorita... ¿cómo decía usted?
—Que venga á dar un pequeño paseo con Alain, Mervyn y yo.
—Con mucho gusto, señorita.
—Entonces, tome su álbum.
Me apresuré á bajar y corrí á la orilla del río.—¡Ah, ah!—me
dijo lajoven riendo;—á lo que parece, ¿está usted de buen
humor esta mañana?
Murmuré torpemente algunas palabras confusas, cuyo fin era
dar áentender que siempre lo estaba, de lo cual la señorita
Margarita pareciómal convencida; después salté al bote y me
senté á su lado.
—¡Vogue, Alain!—dijo al momento. Y el viejo Alain, que se
jactaba deser un buen remero, púsose á mover metódicamente
los remos, lo que ledaba el aire de un pájaro pesado que hace
vanos esfuerzos para volar.
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