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La Novela de un Joven Pobre

—Es probable. Los veo pasar muchas veces... Tiene usted una
buenafigura á caballo, Alain.
—El señor es demasiado galante. La señorita tiene mejor
figura que yo.
—Efectivamente, es una joven muy bella.
—¡Oh! perfecta, señor, y lo mismo por fuera que por dentro,
como laseñora de Laroque su madre. Diré al señor una cosa. El
señor sabe queesta propiedad perteneció en otro tiempo al
último Conde de Castennec, áquien tenía el honor de servir.
Cuando la familia Laroque compró elcastillo, confesaré que me
apesadumbré y vacilé mucho para quedarme enla casa. Me había
criado en el respeto á la nobleza, y me costaba muchoservir á
gentes sin nacimiento. El señor habrá podido observar quesiento
un particular placer en prestarle mis servicios, y es que lehallo
un aire muy marcado de nobleza. ¿Está usted seguro, señor, de
noser noble?
—Lo temo, mi pobre Alain.
—Por lo demás, esto es lo que quería decir al señor—
respondió Alaininclinándose con gracia;—he aprendido al
servicio de estas señoras, quela nobleza de los sentimientos vale
tanto como la otra, y en particularla del señor Conde Castennec,
que tenía la debilidad de pegar á suscriados. Es lástima que la
señorita no pueda casarse con un noble debuen nombre.
Entonces nada faltaría á sus perfecciones.
—Pero me parece, Alain, que eso sólo depende de su voluntad.
—Si el señor se refiere al señor de Bevallan, en efecto, sólo
dependede su voluntad, pues que la ha pedido hace más de seis
meses. La señorade Laroque no parecía muy opuesta al
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