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La Novela de un Joven Pobre

parecen el producto bruto de algunamáquina sin entrañas y sin
alma, que los ha depositado fortuitamentesobre este globo, para
que le sirvan de mediocre ornamento.
En resumen, el señor de Bevallan, que no teme instituirse
profesorcínico de estos calaveras sin barba, no me ha gustado, ni
pienso haberleagradado tampoco. Protesté un poco de fatiga y
me retiré.
A mi llamamiento, el viejo Alain tomó una linterna y me guió
á travésdel parque hacia la habitación que me estaba destinada.
Después dealgunos minutos de marcha, atravesamos un puente
de madera echado sobreun río y nos hallamos delante de una
puerta maciza y ogival abierta enuna especie de torre y
flanqueada por dos torrecillas. Era esta laentrada del antiguo
castillo. Robles y abetos seculares forman,alrededor de estos
despojos feudales, un cerco misterioso que les da unaire de
profundo retiro. En estas ruinas es donde debo habitar.
Midepartamento compuesto de tres piezas, elegantemente
tapizadas de azul,se prolonga encima de la puerta de una
torrecilla á la otra. Estamelancólica morada no deja de
agradarme; ella conviene con mi fortuna.Apenas me vi libre del
viejo Alain, que es de genio un poco noticiero,me puse á escribir
el relato de este importante día, interrumpiéndomepor intervalos
para escuchar el murmullo bastante dulce del pequeño ríoque
corre bajo mis ventanas, y el grito del tradicional mochuelo,
quecelebra en sus vecinos bosques sus tristes amores.
1.º de julio.
Ya es tiempo de que trate de desenredar el hilo de mi
existenciapersonal é íntima, perdido desde hace dos meses, en
medio de las activasobligaciones de mi cargo.
 
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