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La Novela de un Joven Pobre

colores más insoportables, el porvenir delucha continua, de
dependencia y humillación al que entraba lúgubrementepor la
puerta del hambre; sentí un disgusto profundo, absoluto, y
comouna imposibilidad de vivir. Al mismo tiempo una ola de
cólera salvaje ybrutal me subió al cerebro; sentí como un
deslumbramiento y echándomesobre la balaustrada, vi toda la
superficie del río cubierta de chispas.
No diré, siguiendo el uso: Dios no lo quiso. No me gustan las
fórmulastriviales. Me atrevo á decir: yo no lo quise, Dios nos ha
hecho libres,y si yo hubiera podido dudar de esta verdad hasta
entonces, aquelmomento supremo en que el alma y el cuerpo, el
valor y la cobardía, elbien y el mal se entregaban en mí tan
patentemente á un combate mortal,aquel momento, repito,
habría disipado para siempre mis dudas.
Vuelto en mí, no experimenté, frente á frente de aquellas
terriblesondas, sino la tentación muy inocente y bastante necia
de apagar enellas la sed que me devoraba: después reflexioné
que encontraría en mihabitación un agua mucho más limpia:
tomé rápidamente el camino de micasa, forjándome una imagen
deliciosa de los placeres que en ella meesperaban. En mi triste
situación me admiraba, no podía darme cuenta decómo no había
pensado antes en este expediente vencedor.
En el bulevar me encontré repentinamente con Gastón de
Vaux á quien nohabía visto hacía dos años. Detúvose después de
un movimiento de duda,me apretó cordialmente la mano, me
dijo dos palabras sobre mis viajes yme dejó en seguida.
Después, volviendo sobre sus pasos:
—Amigo mío—me dijo,—es preciso que me permitas
asociarte á una buenafortuna que he tenido en estos días. He
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