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La Novela de un Joven Pobre

de frac negro que oculta susmanos desnudas á los amigos que
pasan.
—Vamos, hermano, valor.
Lunes, 27 de
abril.
He esperado en vano durante cinco días, noticias del señor
Laubepin,confieso que contaba seriamente con el interés que
había parecidomanifestarme. Su experiencia, sus conocimientos
prácticos, sus muchasrelaciones le proporcionaban los medios
de serme útil. Estaba pronto áejecutar bajo su dirección todas las
diligencias necesarias; peroabandonado á mí mismo, no sabía
absolutamente hacia qué lado dirigir mispasos. Le creía uno de
esos hombres que prometen poco y hacen mucho.Temo haberme
engañado. Esta mañana me determiné á ir á su casa con elobjeto
de devolverle los documentos que me había confiado y cuya
tristeexactitud he podido comprobar. Me dijeron que el buen
señor había salidoá gozar de las dulzuras del campo, en no sé
qué castillo en el fondo dela Bretaña. Estará aún ausente por dos
ó tres días. Esto me haconsternado. No sentía solamente el pesar
de encontrarme con laindiferencia y el abandono, donde había
creído hallar la oficiosidad deuna verdadera amistad, sentía aún
más, la amargura de volverme comohabía venido, con la bolsa
vacía. Contaba con pedir al señor Laubepinalgún dinero á
cuenta, sobre los tres ó cuatro mil francos que debenquedarnos
después del pago íntegro de nuestras deudas, pues por más
queme haga el anacoreta desde mi llegada á París, la suma
insignificanteque había podido reservar para mí viaje, está
agotada completamente, ytan agotada que después de haber
hecho esta mañana un verdadero almuerzode pastor, castanoe
molles et pressi copia lactis, he tenido querecurrir para comer, á
 
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