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La Novela de un Joven Pobre

entonces, por Dios, déjeseme en reposo!¡Hace tanto tiempo que
no hago uso de la dicha! ¡Es probable que muerade este amor:
pero al menos quiero vivir en paz un día entero!
agosto.
de
Este día, único que imploraba, no me ha sido concedido. Mi
debilidad noha esperado mucho tiempo la expiación, que será
larga. ¿Cómo lo habíaolvidado? En el orden moral, como en el
físico, hay leyes que jamásquebrantamos impunemente, cuyos
efectos forman en este mundo laintervención permanente de lo
que se llama la Providencia. Un hombredébil y grande,
escribiendo con mano casi loca el evangelio de un sabio,decía
de las pasiones mismas que hicieron su miseria, su oprobio y
sugenio: «Todas son buenas cuando uno las domina, todas son
malas cuandouno se deja dominar por ellas. Lo que nos prohibe
la naturaleza esextender nuestras afecciones más allá de nuestras
fuerzas; lo que nosprohibe la razón, es querer lo que no
podemos obtener; lo que nosprohibe la conciencia no es ser
tentados, sino dejarnos vencer por lastentaciones. No depende
de nosotros tener ó no tener pasiones, pero sídepende reinar
sobre ellas. Todos los sentimientos que dominamos
sonlegítimos; todos los que nos dominan son criminales... No
ligues tucorazón sino á la belleza que no perece; que tu
condición limite tusdeseos; que tus deberes vayan antes que tus
pasiones; extiende la ley dela necesidad á las cosas morales;
aprende á perder lo que puede sertearrebatado; ¡aprende á
dejarlo todo cuando la virtud lo ordene!» Sí, tales la ley, yo la
conocía; la he violado, y he sido castigado. Nada másjusto.
Apenas había puesto el pie sobre la nube de este loco amor,
cuando eraviolentamente precipitado de ella, y he recobrado
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