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La Novela de un Joven Pobre

existencia, y gritaba como unloco al que ya no me oía—¡yo te
perdono!—¡yo te perdono!
¡Oh! ¡qué instante, Dios mío!
Según lo que he podido conjeturar, mi madre al morir había
hechoprometer á mi padre, que vendería la mayor parte de sus
bienes parapagar enteramente la deuda enorme que había
contraído, gastando todoslos años una tercera parte más de sus
rentas, y reducirse en seguida ávivir estrictamente con lo que le
quedase. Mi padre había tratado decumplir este compromiso:
había vendido sus bosques y sus tierras; pero,viéndose entonces
dueño de un capital considerable, no había dedicadosino una
pequeña parte á la amortización de su deuda, y había
emprendidoel restablecimiento de su fortuna confiando el resto á
los detestablesazares de la bolsa. Así acabó de perderse.
No he podido aún sondar el fondo del abismo en que estamos
sumergidos.Una semana después de la muerte de mi padre, caí
gravemente enfermo, ysólo con mucho trabajo, después de dos
meses de sufrimiento, he podidodejar nuestro castillo
patrimonial, el día en que un extraño tomabaposesión de él.
Afortunadamente, un antiguo amigo de mi padre que habitaen
París, y que en otro tiempo era el encargado de los negocios
denuestra familia en calidad de notario, ha venido á ayudarme
en estastristes circunstancias: me ha prometido emprender él
mismo, un trabajode liquidación que presentaba á mi
inexperiencia dificultadesinsuperables. Le he abandonado
absolutamente el cuidado de arreglar losnegocios de la sucesión
y presumo que su tarea estará terminada hoy.Apenas llegué
ayer, fuí á su casa; estaba en el campo, de donde novendrá hasta
mañana. Estos dos días han sido crueles: la incertidumbrees
verdaderamente el peor de todos los males, porque es el único
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