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La Nariz de un Notario

prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en formade
pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata
blanca lesentaba a maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba
desde su más tiernainfancia, o porque se surtía de ellas en
alguna tienda afamada? Yo opinoque eran ambas razones a un
tiempo.
Una cosa es atarse en torno del cuello un pañuelo de bolsillo
blanco,hecho una torcida, y otra muy distinta formar, con arte y
perfección, unespléndido nudo de inmaculada batista, cuyas
puntas iguales, almidonadassin exceso, se dirigen
simétricamente a derecha e izquierda. Una corbatablanca elegida
con acierto y anudada con esmero no es un adorno singracia;
todas las mujeres os dirán lo mismo que yo. Pero no
bastaanudársela con maestría y con primor; es preciso, además,
saberlallevar; esto es cuestión de práctica. ¿Por qué parecen los
obreros tantorpes y desmañados el día que se casan? Porque
suelen colocarse para elacto de la boda una corbata blanca sin
previa preparación.
Se acostumbra uno en seguida a llevar los más exorbitantes
tocados: unacorona por ejemplo. El soldado Bonaparte recogió
una que el rey deFrancia había dejado caer en la plaza de Luis
XV: colocósela él mismo,sin que nadie le hubiese dado
lecciones, y Europa declaró que aqueltocado no le sentaba muy
mal. Animado por el éxito, no tardó enintroducir la moda de las
coronas en el círculo de su familia y de susíntimos. Todos los
que le rodeaban se la encasquetaron, o así lopretendieron por lo
menos. Pero este hombre extraordinario no pasó nuncade ser un
porta-corbatas mediocre. El vizconde de C***, autor de
variospoemas en prosa, había estudiado bien la diplomacia, o
sea el arte deponerse la corbata con fruto.
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