IV.— Chebachtián Romagné. V.— Grandeza y decadencia. VI.— Historia de unas gafas y consecuenciasde un catarro Permitidme, señor, que encabece este humilde trabajo con el
nombreilustre y querido de un hombre que ha consagrado toda
su vida a la causadel progreso; de un padre que ha ofrecido sus
dos hijos a la liberaciónde Italia; de un amigo que se ha
apresurado a darme una prueba desimpatía al siguiente día de
Gaetana.
EL ORIENTE Y EL OCCIDENTE SE ACOMETEN:
LA SANGRE CORRE YA
Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le
obligó acambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más
notable deFrancia. En la época aquella contaba treinta y dos
años; era de elevadaestatura, y poseía unos ojos grandes y
rasgados, una frente despejada yolímpica, y su barba y sus
cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz(la parte más

