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La Nariz de un Notario

con rapidez a uncarruaje, y se hizo conducir, derramando
abundante sangre, a casa de sucolega y amigo Ahmed.
Ahmed se hallaba entregado al sueño, bajo la salvaguardia de
un negrofiel; pero, si bien es verdad que está escrito: «No
despertarás a tuamigo cuando duerma», escrito está también:
«Pero despiértale si haypeligro para él o para ti», y se procedió a
despertar al buen Ahmed.
Este era un turco de elevada estatura, de unos treinta y cinco
años deedad, muy flaco y delicado, con largas piernas
arqueadas; pero, por lodemás, un muchacho excelente, dotado
de talento natural. Por más quedigan, hay también gentes de
mérito entre los turcos. Cuando descubrióla cara ensangrentada
de su amigo, empezó por hacerle traer una granaljofaina de agua
fresca, porque está escrito: «No deliberes antes dehaber lavado
tu sangre: tus pensamientos serían confusos e impuros.»
Limpio ya, mas no tranquilo, contó Ayvaz a su amigo la
aventura,ardiendo en santa cólera. El negro que escuchaba su
relato, ofreciose enseguida a tomar su kandjar, e ir a matar a
L'Ambert. Ahmed-Bey le diolas gracias por sus buenas
intenciones, y lo echó a puntapiés de laestancia.
—¿Y qué haremos ahora?—preguntó el bueno de Ayvaz;—
¿qué haremos,amigo mío?
—Una cosa muy sencilla—replicó el interrogado:—mañana
por la mañanale cortaré la nariz. La ley del Talión está escrita:
«Ojo por ojo,diente por diente, nariz por nariz.»
Advirtiole Ahmed que el Korán era, sin duda alguna, un buen
libro; peroque estaba ya un poco anticuado. Los principios del
honor han cambiadodesde los tiempos de Mahoma. Aparte de
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