Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

La Montálvez

»Antes que él saliera de la admiración de verme allí, y
eso que losospechaba por el carruaje que aguardaba en la
calle, comencé yo a darlecuenta, en voz muy baja y con el
mayor laconismo que pude, de todo loque le interesaba
saber sobre lo que ocurría en mi casa y en la suya.¡Pobre
chico! ¡Qué rato le di y qué horas le preparé! «Pero ¿por
dóndese supo? ¿Qué mano ha escrito eso?» La misma
pregunta que arriba; lamisma que me hacía yo. ¿Y quién
podía indagarlo mejor que él?
»De pronto se dio una palmada en la frente, y en seguida
me refirió, conmuy curiosos pormenores, una visita que
había hecho el día antes aLeticia.
»—¡Esa es la mano!—dije sin titubear—. De ella es el
rastro que yoveía sobre el papel. No andando suelto por la
tierra Satanás, sólo enLeticia, contrariada y ofendida, cabe
una felonía como esa. ¡Quédesalmada!
»El fracaso de sus proyectos en aquella visita, dejándole
desamparado ycon su secreto descubierto en lugar tan
sospechoso, le había movido apedir el auxilio y el consejo
de Guzmán. Tres veces en pocas horas habíaestado en su
casa, y se volvía a la suya sin hallarle.
»Díjele que se pasara muy pronto por la mía, donde era
más necesario queen ninguna otra, y nos separamos
despidiéndonos «hasta luego».
»¡Guzmán!..., la única criatura de cuantas hollaban la
tierra, que meparecía más criminal que yo!, ¡el hombre que
merecía, en buena ley, quellovieran sobre él solo todas las
amarguras que habían entristecido mihogar! Porque él era
la fuente, el origen y el único causante de todasmis
Remove