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La Montálvez

quién había de parecerse?... ¡Si me asombra que por
esterastro, y sabiendo lo que ya sabía, no hubiera yo dado
en el quid antesque tú me le descubrieras!...
—Esos parecidos—dijo la Esfinge—son el sello que pone
la mano de Diosen las obras del demonio, como esa
desdichada criatura, para aviso delas gentes honradas...
—¡Mujer!...
—Para que duela lo digo, Santiago, para que duela...,
porque esa clasede heridas no se curan con bálsamos
dulces: se curan a fuego, entremartirios como el que estoy
padeciendo yo viendo al hijo de misentrañas, al regalo de
mis ojos, entre las uñas de Satanás. ¿Merecía élese destino?
¿Le hemos criado tú y yo para eso?
—No, mujer, no—díjola don Santiago en santa calma—;
pero a un solofin se puede ir por diversos caminos...
Déjame por donde voy ahora, queyo sé que no voy mal y
que he de llegar antes y mejor que por donde túquieres que
vaya.
Luego, volviéndose a Ángel, que continuaba mudo y cada
vez más aturdido,dijole entregándole el retrato:
—Tómale, hijo, ya que le deseas..., como es natural; pero
procura notenerle delante cuando medites sobre lo que te
he dicho, para resolverlo que te conviene.
Ángel recogió la tarjeta, y salió, con ella en la mano, del
despacho desu padre; y es cosa averiguada que en cuanto se
vio solo y encerrado ensu gabinete, desahogó las fatigas de
su pecho regando con lágrimasardientes y devorando a
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