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La Montálvez

Y este fue el único tropiezo que halló la marquesa de
Montálvez aquelverano en el ancho, florido y dilatado
campo de sus travesuras yregocijos de buen tono.
En París se separó de sus dos amigas; hizo una visita a
Luz en surefugio, y gran acopio en ella de excelentes
propósitos de enmienda, quese le entibiaron mucho con los
aires del amino hacia su casa; y entró enMadrid, en
septiembre, tan tranquila y sosegada como si no hubiera
rotoun plato durante el verano ni en todos los días de su
vida.
VII
Desde aquí comienza un período que fue el más
escabroso, si no el máslargo, de los varios que tuvo la vida
mundana de la marquesa deMontálvez. Según ella misma
lo declara, tan escabroso fue, que él solola daría para un
libro entero, si se propusiera referir tan enormecatálogo de
cosas. Pero da por sentado que el público madrileño
conocelas más salientes de ellas y presume las restantes; y
a esto se atienepara considerar ocioso un trabajo más
desleído, porque valor yresolución la sobran para echar a la
calle todas esas barreduras de suconciencia.
Yo podría suplir las omisiones, porque me es bien
conocida la materia;pero esta conducta no sería galante ni
acertada, por contravenir a aquelprudente acuerdo y caer en
el peligro, que también teme la marquesa, deque resulte
plato de estímulos insanos lo que debe resultar muy
otracosa. Aténgome, pues, al texto de los Apuntes,
confirmación exactísimade los rumores de la fama, y aun
eso sólo he de darlo en extracto parallegar cuanto antes a la
 
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