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La Montálvez

cuando necesites dinero, te le dé un prestamista
honrado,entendiéndote con él directamente y con la
garantía de tu crédito.
—¿Y hay prestamistas honrados?
—Pocos, y yo conozco uno de ellos.
—Pues venga ese.
Guzmán sacó de su cartera una tarjeta; escribió con lápiz
al respaldo deella el nombre y las señas del domicilio del
sujeto, y se la entregó asu amiga, diciéndola:
—Ahí está.
La marquesa leyó: «Don Santiago Núñez. Imperial, 15,
2º, derecha».Después dijo a su amigo:
—Está bien. Pues ahora voy a comenzar... por el
principio. Las cosas, ohacerlas bien, o no hacerlas.
Y mandó llamar a Simón.
Se marchó Guzmán, y entró a muy poco rato el
mayordomo.
III
Así estaban las cosas, con un pasito más que luego
conoceremos, alinvitar yo en los comienzos del capítulo
precedente al lector amable ypío, a que me acompañara al
nuevo domicilio de la marquesa de
Montálvez.Reprodúzcole aquí la invitación; y puesto que
no la desaira, vamosadentro con todas las cortesías y
comedimientos del caso.
 
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