Not a member?     Existing members login below:

La Montálvez

comogallo desplumado, apenas daba señales de lo poco que
antes fue, parasacar algunas veces de sus centros al
solemne don Mauricio, que no sedesconcertaba allí tan
fácilmente como solía; jugaban ya las cotorronasal tresillo,
y, con excepción de la música y del baile, se hacía allí
atodo lo del año pasado entre los íntimos, siendo la
enfermedad gravísimade la marquesa obstáculo que no
estorbaba para nada, porque, de purosabido, nadie reparaba
en él.
Una noche, conversando Pepe Guzmán con su amiga, y
cuando ya éstacomenzaba a curarse de sus impaciencias
mortificantes con la cuerdareflexión de que no hay tesoro
que merezca este nombre si cuestaadquirirle más de lo que
vale, con la serenidad y el aplomo de quiencumple así lo
establecido en un programa, hizo él malicioso y
expertogalán punto redondo en los temas vagos que hasta
allí le habían servidodesde algunos meses antes para
entretener las displicencias de Verónica,y la condujo de
repente al terreno que tanto ambicionaba ella; quierodecir,
volviendo al símil tan repetido, que la retó de nuevo y que
hastase puso en guardia.
La retada sintió entonces una fuerte sacudida en lo más
hondo y sensiblede su pecho, y algo como reacción de todo
su organismo físico y moral;chispeáronle los ojos, asomó la
sonrisa a sus labios, y con la decisiónde un valiente
avezado a jugarse la vida en esos lances, aceptó el retosin
excusa y ocupó su terreno sin tardanza. Llegaron a cruzarse
losaceros; pero en el instante en que parecía que iba a
empeñarse la luchacon todo encarnizamiento, suspendió
Pepe Guzmán sus acometidas, miró elreló, tendió la diestra
Remove