Not a member?     Existing members login below:

La Montálvez

había estampado en las suyas, conlas últimas palabras del
consejo, como si hubiera querido pintárselasallí para que
no las olvidara.
¡También Leticia! ¿Era aquello una burla o una pesadilla?
El mismoconsejo que Sagrario, menos en lo referente a
Pepe Guzmán. ¿Por qué estaomisión? ¿Fue por ignorancia
o por malicia? ¡Ah!, ¡de qué buena gana lahubiera hecho
ella entonces, y aun antes de entonces, por curiosidad,
seentiende, nada más que por curiosidad, una pregunta!
«Vamos, Leticia,con toda franqueza..., como si te
confesaras conmigo, ¿hasta qué puntollegaron tus
amistades con él?...» Porque era mucho lo que, de
algúntiempo a aquella parte, la mortificaba esta sencilla
curiosidad.
XIII
La marquesa llegó a Madrid hecha una lástima; pero el
marqués, como sinada le hubiera pasado. Algo claudicaba
del lado derecho, reparándolebien, y se le torcía la boca al
sonreírse, y un tanto desmemoriado seencontraba en lo
tocante a fechas y nombres propios; pero este
levísimorastro de su pasado accidente se borraría muy
pronto, como se habían idoborrando otras huellas, harto
más hondas, del propio mal.
De muy distinto modo lo veía su hija, que, aun sin lo
advertido por losdoctores de Spá, tenía en su buen
entendimiento la luz necesaria para noengañarse; y con
esto, y con la evidencia de que el estado de su madreera
gravísimo, también; con las tristes deducciones que le
resultaban deestas innegables premisas; la relativa soledad
 
Remove