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La Invasión o el Loco Yégof

Por último, cuando acabose aquella lúgubre historia, hubo un largosilencio y ambos
se miraron sin decir una palabra.
¡Cuántas reflexiones, cuán amargos sentimientos invadían sus almas!
Así que pasaron unos instantes, la anciana, sobreponiéndose a losterribles
pensamientos que la embargaban, dijo gravemente:
—¿Ve usted, Juan Claudio, como Yégof no estaba equivocado?
—Sin duda, sin duda, no estaba equivocado—respondió Hullin—; pero¿qué prueba
eso? Un loco que va de pueblo en pueblo, que sube y baja deAlsacia a Lorena, que va
de acá para allá, nada de extraño tiene que veao que de cuando en cuando diga una
verdad en medio de sus desvaríos. Ensu cabeza todo se embrolla, y los demás creen
comprender lo que él mismono comprende. Pero no se trata de historia de loco,
Catalina. Losaustriacos se acercan y lo que se trata de saber es si los dejaremospasar o
si tendremos el valor de defendernos.
—¡De defendernos!—exclamó la anciana, cuyas pálidas mejillas seestremecieron—
. ¡Si nosotros tendremos el valor de defendernos! No esconmigo, Hullin, con quien
tiene usted que hablar. ¡Cómo!... ¿Acasovalemos menos que nuestros antepasados?
¿Acaso ellos no se handefendido?... ¿No ha sido preciso exterminarlos a todos,
hombres,mujeres y niños?
—Entonces, Catalina, ¿usted es partidaria de la defensa?
—¡Sí, sí..., en tanto que me quede un soplo de vida! ¡Que vengan, quevengan! ¡La
vieja de las viejas aquí les espera!
Sus largos cabellos grises se agitaron, sus pálidas y contraídasmejillas se
estremecieron y sus ojos despedían relámpagos. En aquelmomento Catalina parecía
hermosa, hermosa como la anciana Margarita dela que había hablado Yégof. Hullin le
tendió la mano en silencio,sonriendo de entusiasmo, y dijo:
—¡Perfectamente, perfectamente!... En la familia somos siempre lomismo. No
puede usted negar quién es, Catalina; ya está usted en marcha;pero tenga un poco de
tranquilidad y óigame. Nosotros vamos a luchar;pero ¿con qué medios?
—Con todos; todos son buenos: las hachas, las hoces, los bieldos...
—Desde luego; pero los mejores son los fusiles y las balas. Fusilestenemos, porque
todo campesino guarda el suyo encima de la puerta; pero,desgraciadamente, nos
hacen falta pólvora y balas.
La anciana labradora se había tranquilizado súbitamente, y mientrasrecogía sus
cabellos debajo de la cofia miraba hacia adelante, como alazar, con aire pensativo.
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