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La Hermana San Sulpicio

Yo pedí, desde luego, el depósito de Gloriaen lugar adecuado, y el juez lo decretó
inmediatamente. Como noshallásemos deliberando sobre esto, presentáronse Isabel y
la tíaEtelvina, y sin más dilaciones cogieron a Gloria y la hicieron montar enun coche
con ellas, llevándola a casa. El conde no había podido venir acausa de su
indisposición. En casa de él, como pariente y personacaracterizada, quedó, pues,
depositada mi animosa Gloria.
XV
TROPIEZO DE NUEVO CON EL MALAGUEÑO
Lescándalo fue grave y tuvo en Sevilla, con ser gran población,
mucharesonancia. Los periódicos se apoderaron de él e hicieron comentariosnada
halagüeños para la familia de Gloria. El conde dirigió una carta asu prima, donde
cortés, pero enérgicamente, le manifestó que su sobrinano saldría de su casa sino para
el altar, y aconsejándole quedesistiera, por el buen nombre de ella y de la familia, de
querer forzarla voluntad de la joven. No sé si a influjo de esta carta o por temor
overgüenza, doña Tula no dio un paso para reclamar a su hija. El odiosoenano, su
director, tampoco.
Comenzaron para mí días venturosos. El palacio de Padul se me abría atodas horas
y siempre hallaba en él grato recibimiento. Se meconsideraba ya como de la familia.
Por las tardes, después de almorzar,me iba allá, y sentado o montado en una silla (que
a tanto llegaba miconfianza), las veía coser o bordar y bromeábamos con alegría.
Gloria,que se había puesto de un humor delicioso y hasta creo que engordó enpocos
días, gozaba en hacer jugarretas a todo el mundo, pero muyparticularmente a mí. La
casa, un poco sombría por el abandono delconde, el humor tétrico de la tía Etelvina y
el carácter débil deIsabel, había cambiado notablemente de aspecto. Estaba ahora
riente,sonora, gozosa, merced al ambiente de franqueza y alegría que mi
 
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