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La Hermana San Sulpicio

¡Qué no se hace por conservar íntegra esta preciosa piel que nosenvuelve!
XIV
PRINCIPIO A SER UN HÉROE DE NOVELA
Edejaron a la puerta de mi casa. Quise pagar al cochero, pero ellas
loimpidieron, y no insistí. Prometiles ir más tarde al café de Silverio,engolosinándolas
con empalmar la juerga a mis expensas. Por supuesto,que lo hice. ¡Buena gana tenía
de gastarme las pesetas neciamente!
Era ya noche cerrada, pero no habían sonado las nueve. Fui a mi cuarto,y para
esperar la hora de la cita con Gloria, me tendí un poco sobre lacama a reposar, que
harto lo necesitaba. Ello es que eché un sueño, ycuando me desperté sobresaltado y
miré el reloj eran más de las nueve ymedia. Me puse el sombrero y salí corriendo;
pero cuando puse el pie enla calle y se me ofreció repentinamente a la imaginación la
bofetada delNaranjero y el peligro que corría, volvime y a toda prisa cambié detraje y
de sombrero. Después, caminando con grandes precauciones,mirando a todos lados y
procurando ir siempre pegado a algún transeúnte,me dirigí a casa de mi novia. Eran
cerca de las diez cuando llegé. Laventana estaba ya cerrada, mas al aproximarme a
ella se abrió conestrépito y apareció Gloria con semblante hosco.
—¡Hijo, me has dao el rato! Creí que ya hasías rabona.
Procuré desenojarla, explicándole cómo había ido a ver a su tío Jenaro,en
cumplimiento de lo acordado, y lo que con él me había sucedido,aunque ocultándole
el incidente del Naranjero. No había para quéinquietarla. Habíamos llegado tarde
porque el asunto de las manosatravesadas nos había retenido mucho tiempo. El relato
de esto últimole causó sensación, aunque menos de lo que yo pensaba. Hasta no tardó
enenvanecerse.
 
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