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Gatsby
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su señor, Gualtero la robusta lanza y Roger elescudo blasonado. Junto al barón trotaba
el blanco palafrén de suesposa, pues ésta deseaba acompañarle hasta la entrada del
bosque. Labuena baronesa no había querido confiar á nadie la tarea de elegir
yempaquetar cuidadosamente las ropas y efectos de su esposo; todo lohabía dispuesto
ella misma, á excepción de las armas. Y eran de oir lasinstrucciones que daba á Roger
y á los otros escuderos, al encomendarlesla persona del barón.
—Creo que nada se ha olvidado, iba diciéndoles. Te lo recomiendo mucho,Roger.
La ropa va toda en esa caja, al lado derecho de la mula. Lasbotellas de Malvasía en el
cestillo de la izquierda; le prepararás unvaso de ese vino, bien caliente, por las noches,
para que lo tome antesde acostarse. Cuida de que no permanezca horas y horas con los
piesmojados, porque lo que es él jamás se acuerda de tal cosa. Entre la ropava un
estuchillo con las drogas más indispensables; y cuanto á lasmantas del lecho, han de
estar bien secas, sobre todo en campaña....
—No os inquietéis por mí, dijo el barón riéndose al oir aquellaenumeración. Os
agradezco en el alma vuestra solicitud, pero queréis quemis escuderos me traten más
bien como viejo achacoso que como soldadoaguerrido. ¿Y tú qué dices, Roger? ¿Por
qué tan pálido? ¿No te alegra elcorazón, como á mí, el ver las cinco rosas sirviendo de
enseña á tanbizarros soldados?
—Ya te he dado la escarcela, Roger, continuó impávida la baronesa, paraevitar que
tu señor se quede sin blanca desde los primeros días demarcha. Mucho cuidado con el
dinero. Los borceguíes bordados de oro sonexclusivamente para el día que el barón se
presente á nuestro graciososoberano, ó al príncipe su heredero, y para las reuniones de
losnobles. Después los vuelves á guardar, antes de que el barón se vaya decaza con
ellos puestos y los destroce....
—Mi buena amiga, observó el señor de Morel, duéleme en el almasepararme de
vos, pero hemos llegado á los linderos del bosque y nodebéis ir más lejos. La Virgen
os guarde á vos y á Constanza basta miregreso. Pero antes de separarnos, entregadme,
os ruego, uno de vuestrosguantes, que lo quiero llevar al frente de mi casco en torneos
ycombates, como prenda de la mujer amada.
—Dejad, barón, que yo soy vieja y nada hermosa y los apuestos señoresde la corte
se reirían de vos si os proclamaseis paladín de tan pobredama....
—¡Oid, escuderos! exclamó el señor de Morel. Vuestra vista es mejor quela mía, y
quiero que si véis á un caballero, por noble y alto que sea,menospreciar esta prenda de
la dama á quien sirvo, le anunciéisinmediatamente que tiene que habérselas con el
barón León de Morel, ácaballo con lanza y escudo ó á pie con espada y daga, en
combate ámuerte.
Dicho esto, recibió respetuosamente el guante que le tendía la baronesay lo aseguró
en su gorra, con el mismo broche de oro que sostenía laondulante pluma. Despidióse
después afectuosamente de la dama anegada enlágrimas y poniendo su caballo al
trote, seguido de los escuderos, tomóel camino del bosque.

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