agrupó en torno del estandarte deMorel, gracias á la fama del barón. Arqueros de la
Selva de Balsain,montañeses y cazadores de Vernel, Dunán y Malvar, hombres de
armasveteranos y bisoños y nobles caballeros ganosos de prestigio, dirigíansetodos á
Salisbury, desde las riberas del Avón hasta las del Lande, paraalistarse bajo la bandera
de las cinco rosas gules de Morel.
Sin embargo, no era el barón uno de aquellos acaudalados magnates quepodían
mantener en armas numerosa hueste, y con dolor se vió obligado ádespedir gran
número de voluntarios, que buscaron otros jefes,limitándose él á seguir las
instrucciones que le había enviado su amigoClaudio Latour, autorizándole para
equipar cien arqueros y cincuentahombre de armas, que unidos á los trescientos
veteranos de la GuardiaBlanca que quedaban en Francia, formarían un cuerpo cuyo
mando podríaaceptar sin vacilación tan gran capitán como el barón de Morel. Con
elauxilio de Simón, nombrado sargento instructor, Reno y otros veteranos,eligió
cuidadosamente sus hombres y á mediados de Noviembre tenía yacompleta una fuerza
escogida, cien de los mejores arqueros de Hanson ycincuenta hombres de armas bien
montados. Dos nobles amigos del barón leencomendaron á sus hijos, jóvenes y
apuestos caballeros llamados Froilánde Roda y Gualtero de Pleyel, para que
compartiesen con Roger de Clintonlos honores, peligros y deberes del cargo de
escuderos.
Las piezas de armadura para los hombres de armas y la mayor parte de lasespadas,
hachas y lanzas aguardaban á los soldados de Morel en Burdeos,donde podían
procurarse mejores y mucho menos costosas que enInglaterra; mas no así los grandes
arcos de combate, en cuyo material ybuena construcción los armeros ingleses
superaban á todos los demás.También hubo que uniformar á hombres de armas y
arqueros con el capaceteliso, cota de malla, blanco coleto sin mangas sobre la cota y
con elrojo león de San Jorge en el pecho, todo lo cual componía el uniforme dela
famosa Guardia Blanca que con tanto orgullo llevaba Simón Aluardo.Soberbio
aspecto presentaron las fuerzas de Morel cuando su veteranocapitán, montando su
mejor caballo de batalla, les pasó revista final enel gran patio del castillo. De los
ciento cincuenta hombres la mitad porlo menos habían sido soldados, algunos toda su
vida; entre los reclutasllamaba la atención el gigantesco Tristán de Horla, que cerraba
lamarcha, llevando á la espalda su enorme arco de guerra.
El equipo de la compañía requirió algunas semanas y Roger y sus amigosllevaban
dos meses en el castillo cuando el barón anunció á su esposaque todo estaba pronto
para la marcha. Aquellos dos meses transformaronpor completo el porvenir de Roger,
despertaron en él un sentimientodesconocido y le hicieron más grata la vida. Entonces
aprendió también ábendecir la previsión de su padre, que le había permitido conocer
algoel mundo, antes de sepultarse para siempre en la soledad del claustro.¡Cuán
diferente le parecía entonces la vida, cuán exageradas laspalabras del Maestro de los
novicios al describirle con los más negroscolores la manada de lobos, como él decía,
que le esperaban paradevorarle apenas abandonase los muros protectores de