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Gatsby
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—Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morelseñaló uno de los
escudos que ocupaban el testero de la habitación.
—Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosaheráldica, unida
al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado,con espada doble; grifo, medio
vuelo y casco de cimera.
—Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel,va también
armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé queademás leéis y escribís
bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de unmensaje secreto depende la vida de
muchos, la suerte de una plaza yquizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de
escudero á unnoble en la campaña que vamos á emprender?
—Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, áquien llenaba
de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca delbarón.
—Pues vos seréis el escudero de mi hijo, agregó la anciana. Cuidaréisde sus
efectos, de sus armas, de cuanto le haga falta y pueda contribuirá su mayor
comodidad, aunque nunca fué mucha la de los campamentos. Yvos cuidaréis también
de su escarcela, porque mi querido barón es tangeneroso que probablemente la
vaciaría en manos del primer desdichadoque le diera lástima. No sería la primera vez.
Muchos detalles delservicio escuderil os son desconocidos, naturalmente, pero como
decísvos mismo, no tardaréis en aprenderlos y creo que seréis el mejorescudero de
cuantos hasta ahora ha tenido mi hijo.
—Señora, dijo el doncel muy conmovido, aprecio la alta honra que vos yel señor
barón me hacéis, confiándome cargo tan cercano á la persona deuno de los más
famosos caballeros del reino. Al aceptar tan gran merced,tanto más bienvenida para
mí por las circunstancias y el aislamiento enque me hallo, sólo temo que mi
inexperiencia me haga indigno de vuestrofavor.
—No sólo instruido, sino modesto; cualidades bien raras por cierto enpajes y
escuderos, continuó la bondadosa dama. Descansad esta noche ymañana os verá mi
hijo. Conocimos y estimamos á vuestro padre y nosplace hacer algo por su hijo, si
bien no podemos conceder nuestraestimación á vuestro hermano, uno de los espíritus
más turbulentos de lacomarca.
—Nos será imposible partir en todo el mes, dijo el barón, pues haymucho que
preparar y tiempo tendréis de familiarizaros con vuestrosdeberes. Rubín, el paje de mi
hija, está loco por seguirme, pero es aunmás joven que vos, casi un niño, y vacilo en
exponerlo á las penalidadesde esta guerra en lejanos países.
—Puesto que no partiréis en algunas semanas, observó la anciana, se meocurre que
este joven puede prestarnos un buen servicio durante supermanencia en el castillo.
¿Entiendo que en la abadía habéis aprendidomucho?
—He estudiado mucho, señora, pero aprendido sólo una pequeña parte delo que
saben mis buenos maestros.

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