Read The Great
Gatsby
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—Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero,pero cuanto á
mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en elcorazón. Lloro por mi señor
y por el valiente Simón Aluardo, y no sécómo atreverme á comunicar la pérdida del
primero á la baronesa y á suhija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia.
—¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos.Duro es
el trance en que os véis y también yo lamento la muerte deambos. Pero descuidad, que
la mitad de estos ducados que aquí llevo sela daré á mi madre y la otra mitad la
agregaremos á los dineros que vostengáis, para comprar el Galeón Amarillo que nos
llevó á Burdeos y conél saldremos en busca del barón.
—¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barónviviese ya
hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntópoco después.
—¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torreparda.
Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis,sentado en aquella
piedra junto al camino.
Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero.
—Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañaránen
vuestras empresas.
—De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán.
—¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravosingleses
han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo hedado mi bendición á
una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esacruel y lejana guerra.
—¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés.
—Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila ydichosa cual
ninguna pocos meses hace y que se prepara á tomar el veloen el convento de Romsey.
¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros,de una compañía llamada la Guardia
Blanca?
—¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez.
—Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valientefuerza, y su
prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí lanueva de que ni un solo
miembro de la Guardia había sobrevivido á unaserie de cruentos combates y la pobre
doncella....
—¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel?
—La misma.
—¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado lapérdida de su
padre?
—De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba.La
muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertasdel claustro....
—¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo,que partió
como una flecha.

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