Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
—Á fe mía, que más entiendo yo de manejar la espada y la pica que elarco, dijo
Reno, pero he llevado tantos años entre arqueros que recuerdohaber presenciado
prodigios. Buenos tiradores hay aquí, pero no comoalgunos que recuerdo.
—¿Ves aquello? preguntó Yonson al veterano, extendiendo el brazo haciauna
bombarda que á no gran distancia se alzaba sobre su poco airosacureña. Pues la culpa
la tienen esos armatostes, con sus humaredas y susrugidos. Ante ellos van
desapareciendo poco á poco los arqueros de labuena escuela. Y es maravilla que tan
gentil guerrero como nuestropríncipe lleve consigo esas sucias máquinas, que ojalá
revienten todascon mil demonios.
—Para arqueros de primer orden algunos que teníamos en el sitio deCalais, observó
Simón. Recuerdo que en una de las muchas salidas ungenovés levantó el brazo y lo
agitó como amenazándonos. Diez de nuestrosmuchachos le soltaron en el acto otras
tantas flechas, y cuandodescubrimos después su cadáver se vió que tenía ocho de ellas
clavadasen el antebrazo.
—Pues yo os diré, repuso Vifredo, que cuando los franceses nos cogieronel galeón
Cristóbal y lo anclaron á doscientos pasos de la playa, dosarqueros de marca, Robín y
Elías, no necesitaron más de cuatro flechaspara cortar el cable del ancla como con un
cuchillo, de suerte que porpoco se estrella el galeón contra las rocas y á los de á bordo
losasaeteamos de lo lindo.
—Buenos tiempos aquellos y mejores arqueros, en verdad, dijo Reno, peroá bien
que ahí está Simón Aluardo, tan perito como el que más; y cuantoá tí, Yonson, como
si no te hubiera visto yo ganarte el buey gordo alláen Fenbury, cuando te lo disputaron
en el tiro al blanco los primerosarqueros de Londres.
Habíalos estado escuchando muy atentamente, apoyado en su ballesta, unrobusto
flamenco de penetrante mirada y atezado rostro, cuyo traje yporte revelaban á un
oficial subalterno de las tropas del Brabante.
—No comprendo, dijo dirigiéndose á los arqueros ingleses, por qué osgusta tanto la
percha esa de seis pies de largo, que os hace tirar yesforzaros como mulos de carga,
cuando yo con el molinete de mi ballestaobtengo sin molestia los mismos resultados.
—Buenos tiros de ballesta han visto mis ojos, contestó Simón, peropermitidme
deciros, camarada, que comparando vuestra arma con el arco meparece una bicoca
propia de mujeres, que pueden dispararla con tantafacilidad y tanto acierto como vos.
—Mucho habría que decir sobre eso, repuso bruscamente el flamenco. Perodesde
luego aseguro que con mi ballesta hago yo lo que ninguno devosotros con el arco.
—¡Bien dicho, mon garçon! exclamó Simón. El buen gallo canta siemprealto. Pero
á los hechos me atengo y como yo he practicado muy poco conel arco en estos
últimos tiempos, ahí está el viejo Yonson, que sabehacer bien las cosas y sostendrá
contra vos el honor de la GuardiaBlanca.
—Un galón de vino del Jura apuesto por el arco, dijo Reno, y por misbarbas que
preferiría apostarlo de buena cerveza de Londres si talhubiera por estas tierras.

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.