mostrar al observador que procedían del reflejo delsol sobre los cascos de dos jinetes
que se adelantaban al galope endirección á Burdeos. Era el primero de ellos un
caballero armado depunta en blanco, que montaba brioso corcel negro con blanca
estrella enla frente. Parecía el jinete de corta estatura pero robusto y ancho
dehombros, y llevaba calada la visera, sin empresa ni blasón sobre elblanco arnés ni el
liso y bruñido escudo. El otro era evidentemente suescudero, sin más armas ofensivas
ni defensivas que su yelmo y lapoderosa lanza de su señor, que empuñaba con la
diestra mano. En laizquierda, además de las riendas de su propia montura, tenía
también labrida de un soberbio alazán con lujosos paramentos que le llegaban hastalos
corvejones. Llegados ambos jinetes con los tres caballos á laentrada del palenque, dió
el escudero aquel vibrante toque que tantosorprendió á los espectadores.
—¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipeEduardo.
—Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó muchome engaño
ó es un noble francés.
—¡Francés! exclamó Don Pedro de Castilla. ¿Qué os induce á creerlo sino lleva
blasón ni divisa que lo acredite?
—Me basta mirar la forma de su armadura, señor, más redondeada en elcodo y las
hombreras que cuantas proceden de Inglaterra ó de España.También podría ser arnés
de fabricación italiana, sin la curva especialdel peto; y cuanto más lo miro más seguro
estoy de que ese coselete hasido hecho por artífices de la parte de acá del Rin. Pero
aquí viene suescudero y no tardará Vuestra Alteza en saber qué lo trae por
estosrumbos.
Llegado el escudero ante el príncipe detuvo su caballo, tocó por segundavez la
bocina que llevaba suspendida del cinto y dijo con sonora voz ymarcado acento
bretón:
—Vengo como heraldo y escudero de mi señor, noble y esforzado caballeroy
súbdito fiel del muy poderoso rey Carlos de Francia. Sabedor de que secelebraban
estas justas, solicita mi señor la honra de medir sus armascon un caballero inglés que
quiera aceptar su reto, ya rompiendo lanzas,ya combatiendo con espada y daga, maza
ó hacha de armas. Y me haordenado muy expresamente declarar que su cartel va
dirigido tan sólo álos nobles caballeros ingleses, no á los que sin serlo, ni ser
tampocobuenos franceses, hablan la lengua de éstos y sirven bajo la bandera
deaquéllos.
—¡Osado sois, voto á tal! exclamó el de Clisón con voz tonante, á lavez que otros
señores gascones llevaban la mano á la espada.
—Mi señor, continuó el enviado sin hacer caso de las palabras de uno nidel ademán
amenazador de los otros, está pronto á justar desde luego, ápesar de que su caballo de
batalla acaba de recorrer largo trecho sindescanso, pues temíamos llegar tarde al
torneo.