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—No tan vacía como tu escarcela, Rodolfo. Pero ¿qué demonios piensa
elmayordomo? Todavía no han empezado á poner la mesa.
—¡Pardiez! En todo Burdeos no hay doncel más hambriento. Si lasespuelas de
caballero y los ricos cargos se ganasen con el estómago,serías ya lo menos
condestable.
—Pues digo, que si se ganasen empinando el codo, Rodolfito mío, tetendríamos de
canciller hace años.
—Basta de charla, exclamó otro, y que hablen los escuderos de Morel.¿Qué se dice
por Inglaterra, mocitos?
—Probablemente lo mismo que al salir de ella vosotros, contestó picadoGualtero.
Sin embargo, tengo para mí que no se hablaba ya tanto comocuando andaban por allí
muchos parlanchines....
—¡Hola! ¿Qué quiere decir eso, moderno Salomón?
—Averiguadlo si podéis.
—Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado delos zapatos
el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya vienetratándonos de parlanchines.
—¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero consorna, guiñando el
ojo á su amigo.
—¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío?
—Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero.
—¡Otra agudeza!
—Gracias por el cumplido.
—Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Moreles más
despierto y más listo de lengua que tú.
—De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán.
—Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dosdías, la
víspera del gran torneo.
—Poco á poco, Germán, exclamó entonces un escudero de rudas facciones,cuyo
robusto cuello y anchos hombros revelaban su fuerza. Tomáis losinsultos de esta
gente con asombrosa calma, y yo no estoy dispuesto áque me llamen parlanchín sin
más ni más. El barón de Morel ha dadopruebas repetidas de lo que puede y vale, pero
¿quién conoce á estoscaballeritos? Este otro ni siquiera chista. ¿Qué decís vos á ello?
Al pronunciar estas palabras posó su pesada mano sobre el hombro deRoger.
—Á vos nada tengo que deciros, respondió el doncel procurandocontenerse.
—Vamos, este no es escudero, sino tierno pajecillo. Pero descuidad, quevuestras
mejillas tendrán menos colorete y más bríos vuestra mano antesde que volváis á
guareceros tras el guardapié de vuestra nodriza.
—De mi mano puedo deciros que está siempre pronta....

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