de Lancaster anunciándome su salida deWindsor para traernos el refuerzo de
cuatrocientas lanzas y otros tantosarqueros. Tan luego mi esposa la duquesa recobre la
salud, y espero queno tardará mucho, emprenderemos nuestra marcha con la gracia de
Dios,para unirnos al grueso del ejército en Dax y poner á Vuestras Altezas enposesión
de sus estados.
Un murmullo de aprobación acogió aquellas palabras y el príncipecontempló con
satisfacción los rostros de todos aquellos capitanes,ganosos de seguirle y distinguirse
bajo sus banderas.
—El titulado rey de Castilla, Enrique de Trastamara, contra cuyasfuerzas vamos á
luchar, es un guerrero hábil y animoso y la campañaproporcionará ocasión de
conquistar lauros sin cuento. Á sus órdenestiene cincuenta mil soldados castellanos y
leoneses, con más doce milhombres de armas de las compañías francesas que tiene á
sueldo,veteranos cuyo valor reconozco. También es un hecho la misión del sinpar
Bertrán Duguesclín cerca del Duque de Anjou, para atraerlo á lacausa de Enrique y
volver á España con tercios numerosos reclutados enBretaña y Picardía. Y
probablemente lo hará como se propone, porque elgran condestable es uno de los
hombres de más prestigio y energía denuestra época. ¿Qué decís á ello, Captal?
Duguesclín os venció enCocherel y esta campaña os ofrece la revancha.
El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagradogesto y no
hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban áCaptal de Buch, pues les
recordaba que la única vez que habían atacado álas tropas francesas sin el auxilio de
Inglaterra les había tocado ensuerte completa derrota.
—No es menos cierto, Alteza, dijo Clisón, que la revancha la hemosobtenido ya,
pues sin el concurso de las espadas gasconas no hubieraishecho prisionero á
Duguesclín en Auray, ni quizás roto las huestes delrey Juan en Poitiers....
—Muy alto pretende picar el gallo gascón, y apenas levanta del suelo unpalmo,
interrumpió un caballero inglés.
—Cuanto más pequeño el gallo mayores suelen ser los espolones, repusocon fuerte
voz Captal de Buch.
—Si no se los corta quien puede hacerlo, dijo el señor de Abercombe.
—Á osados y altaneros nos ganáis vosotros los ingleses, contestó elcapitán Roberto
Briquet. Pero gascón soy, y vos, Abercombe, me daréiscuenta de esas palabras.
—Cuando gustéis, dijo el otro volviéndole la espalda.
—Como vos me la daréis á mí, señor de Clisón, exclamó á su vez SirVivián Bruce.
—Ocasión inmejorable, se oyó decir entonces al barón de Morel, para quetan lucida
lanza gascona como la del señor de Pomers me haga el honor decruzarse con la muy
humilde mía.
Oyéronse en pocos instantes una docena de retos, que revelaban la malavoluntad y
los rencores existentes entre gascones é ingleses.Gesticulaban furiosos los primeros,