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La Gran Aldea - Costumbres Bonaerenses

de ejemplares. La gran masa de lectores conque ahora cuenta nuestro país, no puede
conocerla, por lo tanto. Hubierasido lástima que el silencio siguiese rodeando a esta
novela, leída sólopor escasos aficionados y cultores de las letras, cuando tiene, por
suhumorismo, por su crítica, por la fiel pintura de otros tiempos, otrascostumbres y
otros hombres, derecho a convertirse en un libro popular, ya perpetuar la memoria de
su autor, como perpetúa el recuerdo de suinesperada e injusta muerte, sobrevenida en
la plenitud de sus fuerzas,la vibrante figura de la Protesta, levantada sobre su tumba
por el granescultor francés...
A
MIGUEL
CANÉ
mi
amigo
y
camarada,
L. V. L.
Qu'on ait trouvé des personnalités dans cette comédie, je n'en suissurpris: on trouve toujours
des personnalités dans les comédies decaractère comme on se découvre toujours des maladies
dans leslivres de médecine.
La vérité est que je n'ai pas plus visé un individu qu'un salon;j'ai pris dans les salons et chez
les individus les traits dontj'ai fait mes types, mais, où voulait-on que je les prisse?
EDOUARD PAILLERON.
(Le Monde où l'on s'ennuie).
LA GRAN ALDEA
————
I
Dos años hacía que mi tío vivía en mi compañía cuando, de pronto, unamañana, al
sentarnos a almorzar, me dijo:
—Sobrino, me caso...
Cualquiera creería que me dio la noticia con acento enérgico. ¡Muy lejosde eso! Su
voz fue, como siempre, suave e insinuante como un arrullo,pues mi tío, aunque tenía
el carácter del zorro, afectaba siempre lamansedumbre del cordero.
¿Y qué tenía de particular que mi tío se casara? ¡Vaya si lo tenía!Había cumplido
los cincuenta y ocho años y apenas hacía dos que mi tíahabía muerto. ¡Mi tía! ¡Ah, el
corazón se me parte de pena alrecordarla!... Una señora feroz, hija de un mayor de
caballería quehabía servido con Rauch, que había heredado el carácter militar
delpadre, su fealdad proverbial, un gesto de tigra, y una voz que, cuandoresonaba en
 
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