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La Gloria de Don Ramiro - Una Vida en Tiempos de Felipe Segundo

lejana, un canto sigiloso y triste.Era, sin duda, la voz del almuédano, la convocación
exterior delidzan, en algún terrado vecino. Aixa y el morisco se levantaron y, enmedio
del tapiz, con el rostro hacia el naciente, sacerdotales,hieráticos, realizaron las cuatro
prosternaciones del azala de la tarde.Cuando hubieron terminado, asomáronse uno y
otro sobre las peñas, y,entrelazando sus brazos, la mirada fija en el mismo punto del
horizonte,entonaron la siguiente plegaria, con ese acento peculiar del que
recitapalabras ilustres, cuyos ecos están siempre despiertos en la memoria.
Ella dijo:
«El amor santo y el insomnio se añudan como una cuerda para darmetormento.»
El replicó:
«Mi corazón se halla acongojado por la ausencia. Gime al asomar el alba,gime
cuando el sol toca el poniente.»
Y siguieron alternando:
«Si el viento sopla de parte de la comarca olorosa, huele a almizcletoda la tierra y
revilca en mi pecho el deseo de visitalla.»
«¡Oh!, tú que conduces los camellos hacia el lugar del amado, cuandollegues al
sepulcro del natural de Tehama, del más excelente de loshombres, del alto, del
amoroso, salúdalo de la mi parte, pues él sabe elremedio de mi sufrencia; y cuando
admires los clarores de la tierra deNeched, haz presente el recordamiento de mi
pasión, pues no hay para miotro quibla que el sepulcro del profeta.»
Al escuchar tales palabras, en un instante como aquél, el mancebo sintióque una
horrible blasfemia había sido lanzada al rostro del Señor; y unacento sobrehumano,
cual la voz de un arcángel, le gritó en laconciencia su deber ante la iglesia de Cristo y
ante la memoria de susmayores.
Aixa continuó:
«Marcháronse de madrugada los mensajeros hacia los vergeles de Meca y
deMedina, y me han dejado en rehenes. Marcharon sobre los camellos. Elkebir los
conduce cantando y con ésos va mi corazón para la tierraamorosa del Hechaz. Mi
corazón pertenece a la caravana. Seguirá lapolvareda de los camellos.»
El respondió:
«Nada hay capaz de apagar el fuego de mi pasión como el agua de
Zemzem.¡Dichoso el que la bebe! De mí la salutación para la gente que davueltas en
torno del Hatim y de la estación de Abraham y del templo dela Cava.»
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