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La Gaviota

Salió la criada y a los pocos pasos volvió atrás, dándose un
golpe en lafrente.
—Aquí—dijo—hay una carta que el amo ha dejado a Nicolás
paraentregárosla.
—Vete a paseo con tu carta—dijo María—; aquí no se ve y
además quierodormir. ¿Qué me dirá? Me indicará el sitio donde
le llama el deber.¿Qué se me da a mí de eso? Deja la carta sobre
la cómoda y vete de unavez.
Algunos minutos después volvió a entrar Marina.
—¡Otra te pego!—gritó su ama.
—Es que el señor Pepe Vera quiere veros.
—Que entre—dijo María, volviéndose con prontitud.
Entró Pepe Vera, abrió las persianas para que entrase la luz, se
echósobre una silla sin dejar de fumar, y mirando a María, cuyas
mejillasencendidas y cuyos ojos hinchados indicaban una seria
indisposición.
—¡Buena estás!—le dijo—. ¿Qué dirá Poncio Pilatos?
—No está en casa—respondió María cada vez más ronca.
—Tanto mejor; y quiera Dios que siga andando, como el judío
errante,hasta el día del juicio. Ahora vengo de ver los toros de la
corrida deesta tarde. ¡Ya nos darán que hacer los tales bichos!
Hay uno negro quese llama Medianoche, que ya ha matado un
hombre en el encierro.
—¿Quieres asustarme y ponerme peor de lo que estoy?—dijo
María—.Cierra las persianas, que no puedo aguantar el
resplandor.
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