Not a member?     Existing members login below:

La Gaviota

—Mira la mar: ¿oyes cómo murmuran sus olas con una voz
tan llena deencanto y de terror? Parecen murmurar graves
secretos en una lenguadesconocida. Las olas son, María,
aquellas sirenas seductoras yterribles, en cuya creación
fantástica las personificó la floridaimaginación de los griegos:
seres bellos y sin corazón, tan seductorescomo terribles, que
atraían al hombre con tan dulces voces paraperderle. Pero tú,
María, no atraes con tu dulce voz, para pagar coningratitud; no:
tú serás la sirena en la atracción, pero no en laperfidia. ¿No es
verdad, María, que nunca serás ingrata?
«¡Nunca!», escribió María en la arena; y las olas se divertían
enborrar las palabras que escribía María, como para parodiar el
poder delos días, olas del tiempo, que van borrando en el
corazón, cual ellas enla arena, lo que se asegura tener grabado
en él para siempre.
—¿Por qué no me respondes con tu dulce voz?—dijo Stein a
María.
—¿Qué quiere usted, don Federico?—contestó esta—. Se me
anuda lagarganta para decirle a un hombre que lo quiero. Soy
seca y descastada,como dice la tía María, que no por eso deja de
quererme; cada uno escomo Dios lo ha hecho. Soy como mi
padre; palabras, pocas.
—Pues si eres como tu padre, nada más deseo, porque el buen
tíoPedro—diré mi padre, María—tiene el corazón más amante
que abrigópecho humano. Corazones como el suyo sólo laten en
los diáfanos pechosde los ángeles y en los de los hombres
selectos.
Remove