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La Gaviota

mortalmente herido al lado del cuerpo exánime detu amo. Yo te
recogí, curé tus heridas, y desde entonces no me hasabandonado.
Cuando los graciosos del regimiento se burlaban de mí, y
mellamaban cura-perros, venías a lamerme la mano que te
salvó, comoqueriendo decirme: 'los perros son agradecidos'. ¡Oh
Dios mío! Yo amabaa mis semejantes. Hace dos años que, lleno
de vida, de esperanza, debuena voluntad, llegué a estos países, y
ofrecía a mis semejantes misdesvelos, mis cuidados, mi deber y
mi corazón. He curado muchas heridas,y en cambio las he
recibido muy profundas en mi alma. ¡Gran Dios! ¡GranDios! Mi
corazón está destrozado. Me veo ignominiosamente arrojado
delEjército, después de dos años de servicio, después de dos
años detrabajar sin descanso. Me veo acusado y perseguido, sólo
por habercurado a un hombre del partido contrario, a un infeliz,
que perseguidocomo una bestia feroz, vino a caer moribundo en
mis brazos. ¿Seráposible que las leyes de la guerra conviertan en
crimen lo que la moralerige en virtud, y la religión en deber? ¿Y
qué me queda que hacerahora? Ir a reposar mi cabeza calva y mi
corazón ulcerado a la sombra delos tilos de la casa paterna. ¡Allí
no me contarán por delito el habertenido piedad de un
moribundo!»
Después de una pausa de algunos instantes, el desventurado
hizo unesfuerzo.
«Vamos, Treu; vorwarts, vorwarts.»[4]
Y el viajero y el fiel animal prosiguieron su penosa jornada.
Pero a poco rato perdió el estrecho sendero que había seguido
hastaentonces, y que habían formado las pisadas de los pastores.
 
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