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La Gaviota

—¡Dios nos asista!—exclamó Rosa Mística, poniéndose las
tercerasenaguas—; también saca a colación la misa en sus
coplas profanas; y losque lo oigan, como saben que soy dada a
las cosas de Dios, dirán que locanta por lavarme la cara. ¿Si
pensará ese barbilampiño burlarse de mí?¡No faltara más!
Rosa llegó a la sala, y ¡cuál no se quedaría al ver a
Marisaladaasomada al postigo y oyendo al cantor con toda la
atención de que eracapaz! Entonces se persignó, exclamando:
—¡Y todavía no ha cumplido trece años! ¡Sobre que ya no hay
niñas!
Tomó a Marisalada por el brazo, la apartó de la ventana, y se
colocóen ella a tiempo que Ramón, dándole de firme a la
guitarra, entonaba,desgañitándose, esta copla:
Asómate
a
esa
ventana,
Esos
bellos
ojos
abre;
Nos
alumbrarás
con
ellos,
Porque está oscura la calle.
Y siguió más violento y desatinado que nunca el rasgueo.
—¡Yo seré quien te alumbraré con un blandón del infierno—
gritó conagria y colérica voz Rosa Mística—: libertino,
profanador, cantorsempiterno e insufrible!
Ramón Pérez, vuelto en sí de la primera sorpresa, echó a
correr másligero que un gamo, sin volver la cara atrás.
Este fue el golpe decisivo. Marisalada fue despedida de una
vez, apesar del empeño que hizo tímidamente don Modesto en
su favor.
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