Not a member?     Existing members login below:

La Desheredada

Y como la impresionable joven, cuando se entretenía en
ver las cosas porsu faz risueña y en hacer combinaciones
felices llegaba a límitesincalculables, empezó a ver llano y
expedito el camino que antes lepareciera dificultoso; pensó
que se le abrirían voluntariamente laspuertas que creyó
cerradas, y que todo iba bien, perfectamente bien.Usando
entonces de aquella propiedad suya que ya conocemos, dio
realidaden su mente al marqués de Saldeoro, favorito de las
damas, según decíanlenguas mil; le tuvo delante, le oyó
hablar agradecida, le preguntóruborizada; construyó, si así
puede decirse, con material depresunciones y elementos
fantásticos, la visita personal que alsiguiente día no podía
menos de realizarse.
Consecuencias precisas de esta febril concomitancia con
un personaje aquien adornado suponía de seductoras
cualidades, fueron un desdén muyvivo hacia el pobre
Miquis y una vergüenza de las escenas de aquel día.El
paseo con el estudiante, la escena del ventorrillo, la vil
tortillacebolluna, las naranjas comidas en campo raso, las
confianzas, lascarreritas, se reprodujeron en su imaginación
como un sabor amargo ymalsano, haciendo salir el rubor a
su semblante. Habían sido aquellasaventurillas tan
contrarias a su dignidad y a su posición futura, quediera
cualquier cosa porque no hubieran pasado.
Tan metida en sí misma estaba con estos bochornos y
aquellas alegrías,que apenas comió. Como recordara en la
mesa que debía hablar algo deAugusto para preparar su
presentación, dijo que era un estudiante pobre,un buen
chico, hijo de labradores, algo tocado de la cabeza, más
músicoque médico y más médico que fino. Cuando
Remove