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La Desheredada

—¡Maldita sea la hora en que nací!—gruñó el
estudiante—. ¿Dejarte ahora,separarnos?... ¿Vas a tu casa?
—Sí, hombre. ¡Qué dirán!
—¡Oh!, sí, ¡qué dirán los marqueses de Relimpio!
—No son marqueses, pero son personas honradas.
—¿Quieres ir esta noche al Teatro Real?».
¡El teatro Real! Otro golpe mágico en el corazón y en la
mente de lasobrina del Canónigo.
«Pero a eso que llamas paraíso, ¿van personas?...
—¿Personas decentes?... Lo más decente de Madrid, la
flor y nata».
Como no estaba bien que ella saliese sola con Miquis por
la noche,convinieron en que este convidaría también a las
niñas de Relimpio. Aesto debía anteceder la presentación
reglamentaria de Augusto en eldomicilio de D.ª Laura, para
lo que se acordó, tras cortas vacilaciones,una mentirijilla
venial. Isidora diría que al volver a su casa desde lade su tía
se había encontrado al joven, amigo íntimo, deudo y
aunpariente lejano del señor Canónigo. Era, no ya
estudiante, sino médicohecho y derecho, y bien podía
prestar servicios tan excelentes comogratuitos a una familia
que no gozaba de perfecta salud.
Despidiéronse con fuertes apretones de manos, que a
Miquis no leparecían nunca bastante fuertes. Isidora subió
sumamente fatigada. Lasde Relimpio le dijeron que había
venido a visitarla un caballero de muybuen porte. Entró la
joven en su cuarto, donde la esperaba una
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