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La Desheredada

ISIDORA.—(Mirando con zozobra hacia la puerta, en
la cual ha dadogolpes una mano indiscreta.) ¿Quién es?
DON JOSÉ.—(Levantándose de un sillón en que yace
soñoliento.) Si esvisita, me retiraré.
UN SEÑOR.—(Entrando sombrero en mano y
dirigiéndose a Isidora.) ¿Esusted doña Isidora Rufete?
ISIDORA.—(Trémula.) Servidora...
AQUEL SEÑOR.—(Avanzando, seguido de otro
individuo poco simpático ynada cortés.) Señora, el objeto
de mi visita es poco agradable. Vengo aprender a usted de
orden del juez del Hospicio. (Muestra el auto deprisión.)
ISIDORA.—(Aterrada.) ¡Prenderme!... ¡A mí! ¿Está
usted seguro?...
EL ESCRIBANO.—(Volviendo a mostrar el auto.) Vea
usted... Conque sitiene usted la bondad de seguirme...
DON JOSÉ.—(Aparte, deplorando no tener espada, y
sobre todo no serhombre capaz de sacarla en caso de
que la hubiera tenido.) ¡Quépicardía!
EL ESCRIBANO.—(Queriendo, como hombre
humanitario, sacar a Isidora desu extraordinaria
perplejidad.) Ya sabría usted que la parte contrariapidió
que se sacara el tanto de culpa...
ISIDORA.—(Confusa y mareada.) Sí.
EL ESCRIBANO.—Y el juez ha encontrado el
fundamento.
ISIDORA.—Pues daré fianza...
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