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La Desheredada

unepigrama escrito en octavas reales. Oírle contar sus
épicas luchas porla causa del pueblo era el gran pasmo de
D. José y de Riquín; peroIsidora no contenía fácilmente la
risa.
Las galanterías de Bou con Isidora semejaban a las del
oso que quisomostrar el cariño a su amo matándole una
mosca sobre la frente. Algunavez, dejando hablar a sus
sentimientos, se expresaba con sencillez ynaturalidad. Era
como esos mascarones trágicos que en el arte
decorativoaparecen echando flores de sus bocas
monstruosas.
Una de las deferencias más expresivas que Bou tenía con
Isidora y supadrino, era ofrecerles participación en los
billetes de Lotería quejugaba; pero como había tanta falta
de dinero en la casa, rara vez serealizaba la operación. El
oso quería ceder gratuitamente la parte debillete, pero
Isidora no lo consentía. Las demás atenciones
eranacompañarlos a paseo por el Retiro, y comprar dulces y
juguetes aRiquín y darles de noche larga y cariñosa tertulia.
¡Era blandamenteobsequioso con Isidora y la miraba con
manifiesta intención de decirlealgo delicado y difícil...! A
veces, en los largos paseos que daban, ibaJuan Bou callado
y suspirante. Parecía que su misma fiereza nutría sutimidez.
En cambio, en la tertulia de la noche desatábase a charlar
decosas diversas, ponderaba con inmodestia su amor al
trabajo, susganancias, y hacía planes de vida regalada y
espléndidamente metódica.Además tenía noticias de la
muerte de un pariente suyo, muy rico, yesperaba una bonita
herencia. Se conceptuaba afortunadísimo, aunque algole
faltaba, sí, algo le faltaba para ser completamente feliz.
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