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La Desheredada

mía, mucho cuidado. A su poligamiacontesta con tu
castidad, a su lascivia con tu abstinencia. Aguanta,resiste, y
no degrades tu corazón dándolo a algún mequetrefe que lo
tomepor vanidad, y por hacer gala de tu conquista entre los
tontos ydesocupados. Consérvate digna, recatada, siempre
señora inexpugnable;que al fin y al cabo tu marido, por la
fuerza de sus vicios, reventará,y entonces podrás volverte a
casar eligiendo con todo cuidado otromarido que te
considere más y te atienda mejor que el primero.
»Otras muchas cosas quisiera decirte; pero como creo
haber manifestadolas más importantes, no digo más,
porque las fuerzas me faltan.Acuérdate de lo mucho que
hemos hablado de esto en las largas noches deinvierno. Mi
pensamiento se va nublando, y temo que, si no doy
puntoaquí, me falten fuerzas para firmar esta. Dentro de
poco habré cerradomis ojos a la luz de este mundo. Quiera
Dios abrírmelos a los de lagloria eterna. He recibido los
Santos Sacramentos, y espero el perdón demis culpas.
Tengo la conciencia tranquila; no temo la muerte, y
meimportan ya poco las molestias de mi cuerpo. Perdono a
mis enemigos; medespido de mis amigos, y recibe tú el
último pensamiento y el suspiroúltimo de tu amantísimo tío
(o cosa tal),
SANTIAGO QUIJANO QUIJADA».
Madrid.—Junio de 1881.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
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