Not a member?     Existing members login below:

La Condenada (Cuentos)

Había pasado su vida en continua lucha con la marina real
inglesa,burlando la persecución de los cruceros en su famoso
bergantín repletode carne negra, que transportaba desde la costa
de Guinea a lasAntillas. Audaz y de una frialdad inalterable,
jamás le vieron oscilarsus marineros.
Contábanse de él cosas horripilantes. Cargamentos enteros de
negrosarrojados al agua para librarse del crucero que le daba
caza; lostiburones del Atlántico acudiendo a bandadas, haciendo
hervir las olascon su fúnebre coleteo, cubriendo el mar de
manchas de sangre,repartiéndose a dentelladas los esclavos, que
agitaban con desesperaciónsus brazos fuera del agua;
sublevaciones de tripulación contenidas porél solo a tiros y
hachazos; raptos de ciega cólera en los que corría porcubierta
como una fiera; hasta se hablaba de cierta mujer que
leacompañaba en sus viajes, la cual, desde el puente, fue
arrojada al marpor el iracundo capitán después de una disputa
por celos. Y junto conesto, inesperados arranques de
generosidad: socorros a manos llenas alas familias de sus
marineros. En un arrebato de cólera era capaz dematar a uno de
los suyos; pero si alguien caía al agua, se arrojaba parasalvarle,
sin miedo al mar ni a sus voraces bestias. Enloquecía de furorsi
los compradores de negros le engañaban en unas cuantas
pesetas, y enla misma noche gastaba tres o cuatro mil duros
celebrando una deaquellas orgías que le habían hecho famoso en
la Habana. «Pega antes quehabla», decían de él los marineros, y
recordaban que, en alta mar,sospechando que su segundo
conspiraba contra él, le había deshecho elcráneo de un
pistoletazo. Aparte de esto, un hombre divertidísimo, apesar de
su cara fosca y su mirada dura. En la playa del Cabañal, lagente,
reunida a la sombra de las barcas, reía recordando sus
bromas.Una vez dio un convite a bordo al reyezuelo africano
Remove