Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

La Condenada (Cuentos)

No querían en aquella sepultura otra vida que la suya. Un día,
¡cómo lorecordaba Rafael! un gorrión se asomó a la reja, cual
chiquillotravieso. El bohemio de la luz y del espacio piaba como
expresando laextrañeza que le producía ver allá abajo aquel
pobre ser amarillento yflaco, estremeciéndose de frío en pleno
verano, con unos cuantospañuelos anudados a las sienes y un
harapo de manta ceñido a losriñones. Debió asustarle aquella
cara angulosa y pálida, con unablancura de papel mascado; le
causó miedo la extraña vestidura depielroja y huyó, sacudiendo
sus plumas como para librarse del vaho desepultura y lana
podrida que exhalaba la reja.
El único rumor de vida era el de los compañeros de cárcel que
paseabanpor el patio. Aquéllos al menos veían cielo libre sobre
sus cabezas, notragaban el aire a través de una aspillera; tenían
las piernas libres yno les faltaba con quien hablar. Hasta allí
dentro tenía la desgraciasus gradaciones. El eterno descontento
humano era adivinado por Rafael.Envidiaba él a los del patio,
considerando su situación como una de lasmás apetecibles; los
presos envidiaban a los de fuera, a los que gozabanlibertad, y los
que a aquellas horas transitaban por las calles tal vezno se
considerasen contentos con su suerte, ambicionando ¡quién
sabecuántas cosas!... ¡Tan buena que es la libertad!... Merecían
estarpresos.
Se hallaba en el último escalón de la desgracia. Había
intentado fugarseperforando el suelo en un arranque de
desesperación, y la vigilanciapesaba sobre él incesante y
abrumadora. Si cantaba, le imponíansilencio. Quiso divertirse
rezando con monótono canturreo las oracionesque le enseñó su
madre, y que sólo recordaba a trozos, y le hicieroncallar. ¿Es
que intentaba fingirse loco? ¡A ver, mucho silencio! Lequerían
Remove